Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora en el Metro de Medellín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nuestra Señora en el Metro de Medellín. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de septiembre de 2016

Nuestra Señora en el metro de medellín

Estación TC-3 El Poblado
Nuestra Señora de La Candelaria de La Popa

Este cuadro de Nuestra señora de la Candelaria de La Popa preside la entrada norte de la estación El Pblado en el barrio El Poblado de Medellín


El autor es Eduardo Toro, copia de una obra de Enrique Grau



Nuestra Señora de la Candelaria,
patrona de Cartagena de Indias
y de la región caribe,
entre historias y leyendas


La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria es una de las advocaciones más antiguas de la Virgen María. Su fiesta litúrgica se celebra en toda la Iglesia Católica el 2 de febrero y en la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia), y el 15 de agosto en las Islas Canarias (España). La imagen es venerada en el archipiélago Canarias, especialmente en la isla de Tenerife (lugar de su aparición), donde es conocida popularmente como la Morenita, es la Patrona de Canarias siendo una de las siete patronas de las comunidades autónomas de España.

Igualmente la Virgen de la Candelaria es la patrona de varias ciudades del Nuevo Mundo como: Medellín y Cartagena de Indias (Colombia), entre otras.

La iconografía de la Virgen de Candelaria se basa en el episodio bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (San Lucas 2,22-40). La virgen sostiene la candela o vela de la que toma nombre y el Niño Jesús, por su parte, sostiene en sus manos un pajarito.

Según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. Como era costumbre, la Virgen María, se sometió a la vez al rito de la purificación (Cf. Lev. 12, 6-8). (Wikipedia)

Historia de la Virgen de la Candelaria 
en el cerro de La Popa en Cartagena de Indias




Cuenta la historia que en 1608 vivía en el monasterio de la Candelaria (convento agustino recoleto de estilo Colonial fundado en 1604 por el padre Mateo Delgado en honor a nuestra Señora de la Luz de la Candelaria), ubicado en la zona del desierto del mismo nombre cerca de la localidad de Ráquida, un monje agustino llamado fray Alonso de la Cruz Paredes.

Mientras estaba en oración se le apareció la Santísima Virgen en la advocación de María Inmaculada con arcángeles y serafines y asentando sus pies sobre un trono de nubes de armoniosos colores.

La Santísima Virgen le dijo que debía construirle una Iglesia en Cartagena de Indias. La Iglesia debería estar localizada en la montaña más alta que viera al llegar a la gran bahía de Cartagena. El monje de rodillas murmuró: «Mater Gloriosa et Benedicta».

Consultó lo sucedido con el venerable Mateo y con Vicente Mallol; y contando con su aprobación, partió de la Candelaria (el desierto  Ráquira) con los compañeros que le fueron asignados para la fundación del convento solicitado,


Monasterio de la Candelaria


El desierto de la Candelaria

Fray Alonso emprendió un viaje muy largo, peligroso, y pobre y llegó a dicha ciudad descubriendo que el sitio más alto era el cerro de La Popa de La Galera llamado así porque parece un barco.

Además ofrece un despeñadero o precipicio por el lado que mira a la ciudad y al mar Caribe.






Exactamente allí en esa colina se adoraba al diablo en unas chozas y se hacían grandes y ruidosas reuniones de indígenas y mestizos. Según Jaime Humberto Borja en su obras. Rostros y rastros del demonio en la Nueva Granada. Editorial Ariel, Santa Fé Bogotá.1998. También se reunían allí individuos de raza negra, esclavos escapados de sus amos.

La Popa era todavía un lugar salvaje cubierto por espesa selva que servía de refugio a muchas especies de reptiles, algunos de ellos terriblemente venenosos. Esto hacía que los habitantes de Cartagena mirarán el lugar como algo terrorífico e impenetrable, pero lo que más terror les infundía era la presencia allí del demonio.

Las autoridades Españolas muy preocupadas por sacar el oro a los indios se habían olvidado de esta impiedad e idolatría que lesionaba a la Santa Madre Iglesia.

El diablo allí se hacía llamar Buziraco y venía de visita a las frenéticas fiestas que se celebraban en su honor. En dichas ocasiones se encarnaba en un macho cabrío llamado Urí al cual se le rendían grandes honores.

Existía un gran templo o bohío, que era totalmente cerrado sin ventanas para que no entrara luz y se hiciera oscuridad como le gusta al demonio.

Había una gran tinaja de agua donde sumergían las joyas de oro para que el diablo las bendijera.

Sobra decir que había muchos tambores y danzas extenuantes. Se utilizaba mucho tabaco, licores y sustancias propias de fiestas impías. Según Víctor Manuel Patiño en Historia de la cultura material en la América equinoccial (Tomo 7) Capítulo Vida erótica y costumbres higiénicas, citando al padre Antonio de la Calancha (1584-1654) en su Crónica moralizada del orden de San Agustín en el Perú:

«Se dijo de los indígenas de Cartagena adoradores del demonio Buziraco, con asiento en el cerro de La Popa, le daban ósculos en el lugar asqueroso debajo de la cola y luego lo limpiaban con tabaco».

Fray Pedro Simón afirmaba que: «Cuando se conocieron mejor las costumbres de los indígenas del continente, se pudo apreciar que uno de los objetivos principales de la absorción del tabaco, era adivinar los acontecimientos futuros. Asociado a la conseja del demonio Buziraco de Cartagena estaba el tabaco» (Ibid., V, 65-66) Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales. Bogotá : Biblioteca Banco Popular, 1981. Fuentes: Patiño, Víctor Manuel: Plantas cultivadas y animales domésticos en América equinoccial. Tomo III: Fibras, medicinas, misceláneas.

Fray Alonso fue recibido por el obispo de Cartagena don Juan de Ladrada. El obispo ayudó a organizar un grupo de valientes españoles armados.

Estos hombres irrumpieron en la mitad de la orgía y Fray Alonso con el valor que Dios le prestaba arrojó al Cabrón Urí por el despeñadero rompiéndole los huesos en la caída, por el lugar hoy conocido como el Salto del Cabrón.


Salto del Cabrón

Alonso procuró tomar posesión del lugar para comenzar inmediatamente la construcción del convento. Allí Alonso fabricó una humildísima choza con las ramas de los árboles y continuó con sus compañeros la vida eremítica y reformada, entregado a los ayunos y a las penitencias.

Cuenta la leyenda, que era un día radiante, tranquilo y descongestionado de comienzos del año 1607 cuando el sacerdote español Alfonso García Pared recorría las calles del sector amurallado en busca de una imagen similar a la Virgen de la Candelaria, para ubicarla en el templo construido por la Orden Agustiniana, en el Cerro de la Popa donde tenía su convento. No había recorrido mucho cuando en la calle de las Damas, una señora asomada desde lo alto de un balcón, le preguntó:

—¿Qué busca, padre? —mientras en sus ojos permanecía una mirada tierna.

—Estoy buscando una imagen de la Virgen de la Candelaria, —respondió el sacerdote.

—Venga en tres días y la tendrá, si no estoy empuje la puerta, le dijo la mujer y desapareció.

En efecto el padre agustino volvió, llamó pero nadie contestó, entonces, empujó la puerta y ésta se abrió, pero encontró la casa completamente vacía, sólo en un rincón como iluminada por el cielo estaba la imagen, hermosa e imponente de la Virgen de la Candelaria, que luego fue llevada hasta el convento en el Cerro de la Popa, donde cada año miles de cartageneros desfilan de día y de noche para venerar la virgen de la patrona de esta ciudad.



Para 1612 el convento ya estaba a punto de acabarse y en él se habían invertido 15.000 ducados, suma bastante respetable en esos tiempos. La construcción tardó unos seis o siete años en terminarse.

Desde sus comienzos La Popa ha sido blanco de todas las miradas, incluyendo la de los piratas, quienes la consideraban como un castillo fortificado que había que tomarse de alguna manera. En 1585 el famoso pirata inglés, Juan Drake, asaltó a la Ciudad Heroica con una flota de veintitrés navíos y una fuerza de 2.500 hombres. Los ataques continuaron, esta vez afectando al convento de la Popa.

De los nueve años que duró la época de la independencia, 1816 fue la más desastrosa, tanto para la Popa como para Cartagena en general.
Hambre, penuria económica, destrucción fue lo que quedó después del sangriento sitio de Cartagena. Aunque los recoletos querían volver a su convento, poco o nada podían hacer; la restauración era costosa y no había dinero en la ciudad.

En 1864 la iglesia de la Popa quedó bajo la autoridad de la curia eclesiástica de Cartagena, mientras el convento siguió siendo de propiedad de la Nación. Permaneció arruinado hasta 1880, cuando el doctor Rafael Núñez, presidente de la República, ordenó reconstruirlo y destinarlo para cuartel de aclimatación de la guardia colombiana, recibiendo el título de Viejo Hospital Militar.

El 4 de marzo de 1961, el Gobierno departamental de Bolívar hizo oficial de las ruinas a los agustinos recoletos, quienes emprendieron la reconstrucción el 12 de junio del mismo año.



Los cartageneros subían cada año en febrero a homenajear a su Virgen Morena, esto no impidió que los recoletos empezaran una gran campaña para llevar peregrinos a la Popa, especialmente con motivo de las fiestas patronales de esa manera el pueblo cartagenero volvía a ver frailes recoletos allí y, sobre todo, se daba cuenta de que las obras de reconstrucción iban en serio, motivándose así para colaborar con sus limosnas.

En la época colonial, se celebraba las fiesta de la Virgen, así: se construía un gran salón especial para que cada día en ella bailaran según origen racial o clasista, primero los blancos puros, o de Castilla, segundo los pardos, tercero los negros libres y así sucesivamente, hasta que concluía con la gran fiesta el día de la Virgen y el domingo siguiente, se iniciaban los carnavales.

Pero la gente pobre, libres, esclavos, pardos, negros, indios, carboneros, pescadores y demás no bailaban en los salones, sino al aire libre al son de frenéticos tambores. Hombres y mujeres parados bailaban en círculo como en la cumbia actual. El parejo entregaba a la dama dos o tres velas de sebo encendidas, amarradas con el pañuelo rabuegallo y solo se arrojaba cuando ardía el pañuelo y amenazaba con quemar el vestido. (Universia T. V.)

Precisamente fue durante las fiestas patronales de 1965 cuando el entonces alcalde de Cartagena, doctor Juan Pupo Mora, declaró a la Virgen de la Popa Protectora de la ciudad y de sus contornos, ante una multitud fervorosa congregada en la avenida Pedro de Heredia.



Finalmente, el 6 de julio de 1986, al cumplirse 25 años del regreso de los recoletos a La Popa, el Papa Juan Pablo II, durante su visita a Cartagena, coronó solemnemente la actual imagen de la Virgen de la Candelaria, ante una multitud como las que suele congregar él, reunida en le explanada de Chambacú.


La estación El Poblado

Un tren que sale hacia el sur
y uno que llega del sur


Esta estación, la de Industriales, al norte, y las de Aguacatala y Ayúra al sur no tienen salida de los usuarios hacia el sur, a pesar de que están en una zonas industriales y educativas a ambos lados del río Porce. Al sur de esta estación hay posibilidad de intercambio de línea por lo que cuando se han presentado fallas en el servicio en el sur los trenes llegan del norte hasta esta estación lo que hace que la estación se colme de gente produciendo unas aglomeraciones enormes. Pronto se presentarán diseños para resolver esto problema.

Salida hacia el occidente


Costado occidental de la estación


Costado oriental


Equipo para subir y bajar
a los discapacitados

Laus Deo Virginique Matri

domingo, 3 de febrero de 2013

Nuestra Señora en el metro de Medellín Ayura (TC.01.03)




Capilla de María Auxiliadora (TC.01.03)
Central Mayorista de Antioquia

Tomado de Catholic.net
Auxiliadora, María



Auxiliadora, María
Auxiliadora, María


El título de «María Auxilio de los Cristianos», expresa la mediación de María respecto de la humanidad. Como Madre del Redentor, por fuerza y mérito de la Corredención, Ella es la ayuda de la humanidad necesitada de redención; lo es también de cada individuo, porque es la Madre espiritual de todos.

El nombre Auxilio de los Cristianos, señala una especial forma de mediación, aquella que María ejerce en favor de la Santa Iglesia.

Origen de la advocación.

Históricamente se comenzó a difundir el titulo de María «Auxilio de los Cristianos», aproximadamente en el año 1558, donde la invocación será mencionada en las letanías que recitaban en el santuario de Loreto (Italia) de allí «Letanías Lauretanas». Estas fueron aprobadas por el papa Clemente VIII en 1601.

Tres fechas marcan la historia en la divulgación universal del culto a la Santísima Virgen bajo el título de Auxiliadora de los Cristianos.

Lepanto:

El 7 de octubre de 1571, durante el pontificado de San Pío V, la flota Cristiana, con el Auxilio de María, logra una victoria contra la flota de los turcos. Después de esta victoria, se propaga la invocación de «María, auxilio de los Cristianos» y de los labios de los soldados sobrevivientes de Lepanto, se difunde por toda Europa.

Viena:

El 12 de septiembre de 1683, durante el pontificado de Inocencio XI, bajo el mando del rey de Polonia, Juan Sobieski, con un ejército inferior de fuerzas, confiando en la ayuda de María Auxiliadora, vence al ejército turco.

Roma: El 24 de mayo de 1814, Pío VII, liberado por la intervención de María , de la prisión napoleónica, entra triunfante en Roma, y unos meses después instituyó, la Fiesta de María Auxiliadora.

San Juan Bosco:

En 1815 nació en Piamonte (Italia). Él estaría predestinado por Dios a difundir, la invocación y devoción a María Auxiliadora. Ella sería su inspiración para la creación de una triple familia religiosa: Los Salesianos, Las Hijas de María Auxiliadora y los Cooperadores Salesianos. Ella sería también, su maestra y su guía en el contenido espiritual de su Obra.

Con los años, la invocación a María, con el título de Auxiliadora se ha extendido por todo el mundo.

María Auxilio de los Cristianos, ¡ruega por nosotros!

Ésta es la puerta peatonal por la que acostumbro entrar a la Central Mayorista de Antioquia, donde hay una capilla hecha por los comerciantes piadosos y devotos de María Auxiliadora. La incluyo en los templos cercanos de la Estación Ayurá (01). Esta entrada queda en la carrera 50 entre calles 76 A y 76 B del municipio de Itagüí. 
Después de entrar se camina hacia el oriente hacia de la vía principal de la Central  a lo largo de la prolongación de la calle 76 B, dentro del condominio. Al llegar a la principal, entre los bloques 1 y 11 encontramos la Capilla.

Como puede verse en las dos fotos anteriores y se comprueba en ésta, no se trata de un templo cerrado, ni siquiera tiene puertas, por lo que puedo asegurar que siempre que voy a la Central Mayorista encuentro fieles visitando a Jesús Sacramentado. Hoy no fue la excepción.
 

El Sagrario, la imagen de María Auxiliadora y la puerta de la sacristía, están protegidos por una reja para evitar robos y profanaciones.

Un Acercamiento del Sagrario.

 Una imagen del Divino niño del barrio Veinte de Julio de Bogotá y una del Sagrado Corazón acopañan la de María auxiliadora en sendos nichos protegidos contra el latrocinio.

En este pequeño cobertizo, situado del otro lado de la calle 76 B se inició esta devoción.
Una vez construida la capilla y dotada de imagen nueva los fieles no permitieron la demolición del inicio.
Como se puede ver, cuando ésta era la capilla vigente,  los fieles asistían a la Eucaristía de pie o traían sillas desde sus negocios.

Aún hoy en día se ven fieles orando ante la imagen de la Auxiliadora que allí permanece.
 

 
También quedaron dos crucifijos, uno a cada lado de la imagen de la Auxiliadora y tienen sus devotos.

Así se ve la capilla actual desde la Capilla Madre. También puede apreciarse la vía principal y, al fondo, el acceso principal a la Central Mayorista, toda una imagen del empuje paisa.

Horario de las Eucaristías

Nombre de la capilla

Mientras me alejo para ir a cumplir con mis diligencias observo la Capilla de María Auxiliadora  y doy gracias al Señor por un templo abierto donde casí nunca Él estará solo.
Los empleados de la Central hacen el aseo y cuidan el jardín.

Laus Deo Vitginique Matri






."

jueves, 29 de noviembre de 2012

Nuestra Señora en el metro de Medellín. Aguacatala. TC.02.03

Templo Parroquial
San Gabriel de la Dolorosa
Calle 9 B Sur n.° 52 B 30
Teléfono: 2550298
Medellín, Colombia

27 de febrero

San Gabriel de la Dolorosa
1838-1862
Asís, la ciudad embalsamada por el recuerdo de San Francisco y por el de Santa Clara, fue su cuna. Cuando nació pertenecía aún a los Estados pontificios, en cuya administración de justicia trabajaba, corno juez asesor, su padre. Su nombre fue Francisco.
Vino al mundo el 1.° de marzo de 1838. Pocos años después, cuando el pequeño Francisco tenía sólo cuatro años, murió su madre. Él quedó huérfano, junto con sus doce hermanos, al cuidado de su padre, ejemplar y cristianísimo. Y a su padre debió una firme educación familiar, gracias a la cual pudo llegar a superar el obstáculo de un carácter propenso a la cólera, y que no dejaba de dar frecuentes muestras de terca obstinación.
Francisco Possenti, que así se llamaba antes de entrar en religión, hizo sus estudios primero con los hermanos de las Escuelas Cristianas, y después con los jesuitas de Spoleto, a donde se había trasladado su padre. Ya de escolar se iniciaron en él las luchas en torno a la vocación religiosa, que tanto habían de alargarse.
A los dieciséis años, la pubertad logra enfriar algo sus fervores infantiles. Una enfermedad le sirve de advertencia, y él, vuelto hacia el Señor, le promete entrar en religión si se cura. Pero, recobrada la salud, no tarda en olvidar aquella promesa. Nuevo aviso, nueva enfermedad, más peligrosa aún que la anterior. Perdida casi toda la esperanza, se encomienda al entonces Beato San Andrés Bobola y renueva su promesa de entrar religioso. En efecto, al aplicarle la imagen de San Andrés, queda dormido y horas después se despierta completamente curado. Pero... el mundo tiraba de él con fuerza. Se encontraba en plena juventud, tenía éxito entre las muchachas de Spoleto y, por otra parte, la vida religiosa se hacía muy dura para su carácter independiente.
Nuevo aviso del cielo: el cólera se lleva a una de sus hermanas, que él quería tiernamente. Parecía ya imposible desoír la voz de Dios. Y, en efecto, Francisco habla un día seriamente con su padre y le manifiesta que quiere entrar en religión. Cosa curiosa, su padre, tan cristiano, se niega. Le parece imposible que un muchacho tan frívolo pueda perseverar, y quiere probar antes aquella vocación que más le parece fruto de una impresión fuerte, la causada por la muerte de su hermana, que de una serena reflexión. Y hay un momento en que parece que todo le daba la razón. A pesar de haber manifestado tan seriamente su deseo de marchar del mundo, Francisco vuelve a su vida anterior, y, aun frecuentando los sacramentos, se muestra aficionado al teatro y se deja envolver por las vanidades del mundo.
El golpe definitivo iba a llegar de la manera más inesperada. El día de la octava de la Asunción de 1856 Francisco está viendo pasar, como simple espectador, una procesión en la que se lleva una imagen de la Santísima Virgen de gran veneración en Spoleto: regalo de Federico Barbarroja a la villa, se decía que había sido pintada por San Lucas. De pronto el joven levanta su mirada al cuadro de la Virgen, y se siente sobrecogido al ver fijos en él los ojos de la imagen. Le parece escuchar una voz que dice:
—Francisco, el mundo no es para ti. Tienes que entrar en religión.
Se siente anonadado. Ya no hay que deliberar más. Lo que importa es poner cuanto antes por obra la decisión tomada. Pero su padre continúa oponiéndose. Y más cuando ve que el joven ha pedido su ingreso nada menos que en la austera congregación de los pasionistas. Buen cristiano, deja su padre el asunto en manos de dos eclesiásticos respetables. Los dos, al principio, se inclinan a pensar que Francisco no resistirá la vida pasionista. Los dos, después de haber escuchado al joven, se conciertan con él para eliminar las últimas dificultades. Y así el 21 de septiembre de 1856 Francisco Possenti cambiaba de hábito y de nombre. Pasaba a ser un novicio pasionista y a llamarse Gabriel de la Dolorosa. Había dejado su casa paterna y se encontraba en el retiro de Morrovalle.
Su vida religiosa iba a ser breve, pero intensísima. La adaptación le costó terriblemente. Acostumbrado al género de comidas propio de una casa acomodada, los toscos alimentos del pobre convento pasionista le causaban una repugnancia invencible. A pesar de las protestas de su naturaleza insistía en comer, hasta que los superiores, compadecidos, le permitieron temporalmente algún alivio. Lo mismo ocurría con todos los demás aspectos de la observancia. Sin querer aceptar la más mínima singularidad, seguía siempre al pie de la letra un horario y unos ejercicios que costaban mucho a su delicada complexión.
Convento de Camerino

En febrero de 1858 comienza sus estudios, que le llevan primero al convento de Preveterino, después al de Camerino y finalmente al de Isola. En todos estos conventos dejó el recuerdo de su ejemplar aplicación. Dicen que tenía siempre ante los ojos aquellas palabras que había escrito un glorioso santo de su misma congregación, San Vicente María Strambi: «Cuando tenéis que entregaros al estudio, imaginaos que estáis rodeados por una multitud innumerable de pobres pecadores privados de todo socorro y que os piden con vivas instancias el beneficio de la instrucción, el camino que conduce a la salvación». Esta era la única preocupación de Gabriel: prepararse para el sacerdocio, al que, sin embargo, por sabios designios de Dios no habría de llegar.
De una parte estarían los trastornos políticos del reino de Nápoles. Y de otra parte lo impediría también su propia salud. Cuando ya empezaba a aproximarse la fecha de su ordenación sacerdotal, cuando ya, el 25 de mayo de 1861, había recibido las órdenes menores, la salud de Gabriel empezó a empeorar rápidamente. La tuberculosis se apoderó de él. Fue necesario recluirse en la enfermería y dedicarse de lleno a aceptar, con toda alegría y sumisión a la voluntad de Dios, aquel inmenso sufrimiento. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, viviría así un año enteramente entregado a Dios, ofreciéndose a Él como holocausto y víctima.
Había sido ejemplar mientras estuvo sano. Sus compañeros quedaban maravillados al contemplar la ejemplaridad de la observancia. A la meditación de la pasión, típica de la congregación en la que había ingresado, añadió siempre un amor entusiasta, ingenioso, encendido a la Santísima Virgen. Se podría sacar un tratado completo de devoción a ella, espigando detalles de la vida de San Gabriel. Desde lo intelectual, con el estudio continuo de lo que se refiere a la Santísima Virgen y la lectura repetida de Las glorías de María, de San Alfonso, hasta lo mas menudo y cariñoso: todo un cúmulo de expresiones filiales que a cada paso surgen de sus labios y de su pluma. El amor a la Santísima Virgen fue ciertamente la palanca que le permitió subir rápidamente por el camino de la perfección.
Ejemplar también en la práctica de las virtudes religiosas. Amante de la pobreza hasta en los más mínimos detalles. Obedientísimo siempre, con anécdotas que casi nos hacen pensar en el mismo escrúpulo. Y hasta su amor a la castidad, con el voto que hizo de no mirar nunca a la cara a mujer alguna.
Y fue también muy ejemplar mientras estuvo enfermo. La presencia de Dios, que con tanta frecuencia solía él recordar, según es uso entre los pasionistas, en sus recreos, se hizo ya para él completamente actual durante todo el día. Solo en la enfermería, podía darse de lleno a tan santo ejercicio. Sus mismos padecimientos le daban ocasión de ejercitar su caridad para con sus hermanos a quienes, ni en lo más agudo de sus sufrimientos, quería nunca molestar. Así se constituyó en la admiración y el ejemplo de todos los estudiantes del convento.
Hacia el fin de diciembre de 1861 un nuevo vómito de sangre puso en peligro su vida. Aún pudo asistir a una misa el día de Navidad. Su estado quedó estacionado hasta el domingo 16 de febrero. Nueva crisis, nuevos y más horribles dolores, nuevo vómito de sangre. Al fin se vio claro que aquello no tenía remedio humano. Cuando se lo dijeron, tuvo primero un ligero movimiento de sorpresa, e inmediatamente después una gran alegría. Recibió el viático, y pidió perdón públicamente a todos sus hermanos. Pero aún no era la hora. Sólo el 26 de febrero se le dio la extremaunción. En la noche siguiente, tras de rechazar reiterados asaltos del enemigo, Gabriel pidió por última vez la absolución. Y habiéndola recibido, cruzadas las manos sobre el pecho, iluminado su rostro juvenil por una luz celestial, rindió su último suspiro suave y dulcemente. Había, comenzado el 27 de febrero de 1862.
Se le hubiera creído dormido cuando, echado en tierra sobre una tabla, según el uso de los pasionistas, le pudieron contemplar los religiosos antes de proceder a la inhumación en la capilla del convento. Pero, pese a la sencillez de su vida, transcurrida sin contacto con el mundo, entre las paredes de las casas de estudio pasionistas, pronto corrió por todas partes la voz de su admirable santidad. En 1892 se hizo la exhumación de sus restos. Iban llegando de todas partes noticias de milagros obtenidos por su intervención. En 1908 San Pío X procedía a su beatificación, teniendo el consuelo de asistir, anciana ya, una señora que en su juventud le había tratado bastante, hasta el punto de haber entrado en los planes de la familia Possenti el proyecto de una boda entre ambos. Años después, el 13 de mayo de 1920, Benedicto XV lo canonizó.
Muerto a los veinticuatro años de edad, minorista aún, después de seis años de profesión religiosa, todo el mundo mira a San Gabriel de la Dolorosa como modelo y protector de la juventud de los seminarios, noviciados y casas religiosas de estudio. Y como modelo también de admirable y sentida devoción a la Santísima Virgen María.
Lamberto de Echeverría

Final de la Misa, en el presbiterio se encuentra la imagen del patrono San Gabriel de la Dolorosa, porque aunque no coinciden con la fecha se celebran las Fiestas Patronales.
San Gabriel de la Dolorosa
(Francesco Possenti).
1838-1862.
 El Sagrario.
La Virgen Auxiliadora pierde su Mensaje:
«Yo soy el camino que conduce a Cristo».
San José con el Niño.
.El Divino Niño del Veinte de Julio.
Aquí se inicia la vida cristiana.
Programas de las Fiestas y de la Novena.
 
Aspectos externos del templo y desarrollo del Bazar.
 
La juventud escasea lo que no ocurría antaño.
Desde un sitio estratégico observo dónde va
a caer el globo
para la melona.
Al fin me decidí por la carpa azul de la izquierda:
unos frisoles verdes superdeliciosos
calmaron mi ansia meridiana
Una madre da instrucciones a su hijo
mientras le sonríe a la cámara.
Lo de siempre: El hijo va y hace el mandado, es decir,
camina lo que a la madre le dio pereza.
Última mirada al desarrollo de las fiestas.
Ya lejos del templo camino de mi casa, esta hermosa araucaria le silbó a la cámara. Silbaba como silba Silva y eso que nadie silba como silba Silva, porque si alguien silba como silba Silva es porque Silva le enseñó a silbar (trabalenguas y trabaortografía).







Oración
 



 

¡Oh bienaventurado Gabriel de la Dolorosa, que, por vuestra afectuosísima devoción a la ínclita Virgen afligida al pie de la cruz, llegasteis a ser espejo de inocencia, modelo de santidad y taumaturgo del presente siglo por los estupendos milagros obrados en derredor de vuestro sepulcro! Dignaos mirarme benévolo desde el cielo y recabadme de la munificencia divina las fuerzas que he menester para precaver los peligros del alma, despreciar los halagos del mundo, neutralizar las asechanzas del demonio, triunfar de mis pasiones, llorar contrito mis culpas, secundar con generosidad de corazón las divinas inspiraciones y labrar mi santificación mediante un afecto sincero a la Pasión de Jesús y a los Dolores de mi Madre Maria, a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos aquí en la tierra, pueda igualmente haceros compañia en el cielo por toda la eternidad. Así sea.
Oración
Oh Dios, que enseñaste a san Gabriel de la Dolorosa a meditar asiduamente los dolores de tu dulcísima Madre, y le concediste alcanzar por ella las cumbres de la santidad. Concédenos a nosotros, por tu intercesión y ejemplo, vivir tan unidos a tu Madre Dolorosa que gocemos siempre de su maternal protección. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Después de leer detenidamente la vida de este santo, porque nada pongo en mis blogs sin leerlo, me admiro de su valentía pra cambiar el rumbo de su vida y alcanzar la santidad en sólo seis años, contra todos los pronósticos de sus conocidos. Hoy me siento orgulloso de haber llevado su nombre durante 66 años, y si bien sólo arrancaba sonrisas de quienes conocían mi nombre completo, aunque ninca lo he ocultado. Desde hoy lo llevaré con respeto e impediré más sonrisas destacando la santidad de mi tocayo.

 Si usted, querido lector, tiene alguna anécdota para contar acerca de San Gabriel de la Dolorosa, o de esta parroquia o de cualquier otra o de akgún beneficio recibido mediante la interseción de los santos o de la Virgen María puede enviármela al correo tiromalo@gmail.com o llamarme al celular 3117719907. Su relato lo enlazaié con la entrada correspondiente.

Gabriel de Jesús de la Dolorosa Escobar Gaviria

Laus Deo Virginique Matri.