jueves, 24 de diciembre de 2015

Ceremonial de Navidad

Tomado de lumen Cristi

Las familias católicas se reúnen en la noche del 24 de diciembre, víspera de la Navidad, para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Para ello preparan una rica cena, en la que se acostumbra comer pavo u otros platillos propios de esta época. Se trata de una cena especial, distinta a la de todos los días y en un ambiente fraterno y festivo.

Ceremonia para la cena de Navidad

El menor de los asistentes pregunta a quien preside la cena, preferiblemente el padre o la madre del hogar, sobre las razones por las cuales se celebra esta fiesta.

Menor: —¿Qué celebramos en esta noche, que todo es tan distinto?

V: —Un día fuimos esclavos del pecado; y para liberarnos, nuestro eterno Padre nos envió hace unos 2000 años a su amado hijo Jesucristo, para que fuera nuestro Redentor.

Se narra entonces la historia del nacimiento de Jesús:

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 1 y 2).

En el tiempo en que Herodes era rey de Judea, envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,  a visitar a una joven virgen llamada María, que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David.

El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:

—¡Dios te salve María, llena eres de gracia! El Señor está contigo.

La Virgen cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo:

—María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Concebirás y tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un hombre grande, al que llamarán en justicia Hijo del Dios altísimo: y Dios, el Señor, lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin.

María preguntó al ángel:

—¿Cómo podrá suceder esto, si no conozco varón

 El ángel le contestó:

–El Espíritu Santo descenderá sobre ti  y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.

Entonces María dijo:

—He aquí a la esclava del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!

Con esto, el ángel se fue.

Sucedió que por aquellos días, el emperador Cesar Augusto expidió un edicto ordenando que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirino gobernador de Siria.

 Todos tenían que ir a inscribirse a su propia ciudad, por esto salió José desde la ciudad de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a empadronarse, junto con María, su esposa, que se encontraba encinta.

 Y sucedió que mientras estaban en Belén, a María le llegó el tiempo de dar a luz. Y dio a luz a Jesús su primogénito. Luego lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,  porque no había alojamiento para ellos en la posada.

 Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. De pronto se les apareció un ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió con su luz y tuvieron mucho miedo.

Pero el ángel les dijo:

—No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Cristo, el Señor. Como señal, encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

Y de repente aparecieron muchos otros ángeles del cielo que alababan a Dios y diciendo:

«¡Gloria a Dios en el cielo! ¡y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!».

 Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:

—Vamos, pues, a Belén, a ver lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.

Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, y todos los que escuchaban a los pastores se admiraban de lo que decían.

María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente.

 Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.

Palabra de Dios

Todos: Te Alabamos Señor


Brindis

Luego se servirán las copas de vino y el que preside dirá:

V: Brindemos, ya que estamos felices puesto que en esta noche santa nos nace el redentor del mundo. ¡Feliz Navidad!

Y todos brindarán juntando las copas, mientras expresan:

¡Feliz Navidad!

Oración para la cena de Navidad

Luego se encenderá un cirio blanco, el cual será colocado en lo posible dentro de la corona de adviento, la cual será ubicada en el centro de la mesa.

V: En esta Nochebuena, constituimos centro de nuestra familia a Jesucristo, nuestro Señor, encendemos este cirio como signo suyo, para que nos haga pensar en Ti, luz del mundo, a la vez que le damos gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo amado:

Gracias, Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu único Hijo.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por haberte hecho niño para salvarnos.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por manifestarnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por enseñarnos que da más alegría el dar que el recibir,
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por ilustrarnos que lo que hacemos a los demás, te lo hacemos a Ti.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.
R: María, te damos gracias.

Gracias, San José, por cuidar de Jesús y María.
R: San José, te damos gracias.

Gracias, Padre, por esta noche de paz, noche de amor, en que nos has regalado a tu Hijo predilecto, quien junto con María y José constituyen para nosotros el modelo de la sagrada Familia.
R: Amén

Bendición de los alimentos

V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar. Por Jesucristo Nuestro Señor.
R: Amén.

V: El Rey de la Gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.
R: Amén
Al terminar la cena

V: Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

V: El Señor nos dé su paz.
R: Y la vida eterna. Amén.

Ceremonia para acostar y arrullar al niño dios

Luego de la cena, se reúne la familia junto al pesebre y se hace la ceremonia de Arrullo al Niño Dios.

En lo posible la preside el papá o la mamá del hogar, mientras todos se hacen alrededor del nacimiento:

V: Para prepararnos a recibir a Dios, que en esta noche maravillosa se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

R: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Antes de colocar al Niño Jesús en el pesebre, el más pequeño de la familia va pasando la imagen del Niño a cada uno de los presentes, para que con un beso de rindan veneración. Cuando todos concluyan, se colocará al Niño Dios en el pesebre.

Durante este ósculo se canta el Villancico Noche de paz.



Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor.
Entre sus astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor
Sólo velan en la oscuridad
Los pastores que en el campo están;
Y la estrella de Belén
Y la estrella de Belén

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor;
sobre el santo niño Jesús
Una estrella esparce su luz,
Brilla sobre el Rey
Brilla sobre el Rey.

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor
Fieles velando allí en Belén
Los pastores, la madre también.
Y la estrella de paz
Y la estrella de paz

Se pueden cantar otros villancicos, si lo estiman conveniente como: Campanas sobre Campanas, y A Belén Pastores...

Peticiones:

V: Pidámosle al Niño Dios, que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos los días, el centro de nuestra vida.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Jesús, que pudiendo haber nacido rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Jesús, que vino a perdonarnos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Él, que vino a fundar la mejor familia del mundo, haga que en la nuestra reine siempre el amor y la paz
R: Te lo pedimos, Señor.

Pensamientos

Si en tu corazón hay un poco más de amor, es Navidad.
Si has decidido perdonar a alguien, es Navidad.
Si buscas a Dios de verdad, es Navidad.
Su aumenta el gozo de tu fe cristiana, es Navidad.
Si en tu alma florece la esperanza, es Navidad.
Si trabajas por la justicia entre los hombres, es Navidad.
Si tienes deseos de vivir y los comunicas a los demás, es Navidad.
Si sabes sufrir con amor, es Navidad.
Si eres perseguido o se ríen de ti por causa del Evangelio, es Navidad.
Si te alegras de ser hijo de Dios en la Iglesia, es Navidad.


Oración Final

V: Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes y nunca solo me dejes.Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, Haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

R: Amén.


Enseguida se reparten los obsequios de navidad, en caso de que así lo tengan por costumbre.



martes, 22 de diciembre de 2015

Pesebres 2


Pesebres de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, de la Estación de Policía y de la Casa de la Cultura de Sopetrán
Darío Sevillano Álvarez

El pesebre del templo parroquial luce así:

Es un error muy grave no ponerle telón de fondo 
a un pesebre tan importante.

Las imágenes de este pesebre son muy bonitas 
y están bien conservadas.

El pesebre tiene un buen diseño, pero recordemos: si las imágenes están arrodilladas, es irrespetuoso ponerlas a caminar por todo el pesebre.

El diseño es excelente porque imita muy bien
las tierras de Israel.

El portal es muy parecido a las construcciones
de la época de Jesucristo.

Por fin luce nuestro cristo en el altar mayor, recordemos que el nacimiento y la crucifixión no deben ser exhibidos en un mismo cuadro bíblico.

Al salir del templo, nos encontramos
con este hermoso espectáculo.

Ahora veamos el pesebre de la estación de Policía:

Este es un buen pesebre, pero cuando hacemos pesebres, hay que tener el cuidado de hacerlos en varios planos, para que unos elementos no tapen los otros.

Los elementos que están utilizando, son muy apropiados, 
porque se parecen a la época del nacimiento.

Observen este precioso rebaño.

La katalimas o construcciones
están muy bien diseñadas.

Esta parte del pesebre, que es muy bonita, es la que el público, que está al frente no alcanza a ver, por falta de varios planos.

Este es el pesebre que hay en la casa de la cultura:

Es un pesebre muy visible, porque está al frente
de la puerta de entrada.





Sopetrán, 20 diciembre del 2015.

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lunes, 21 de diciembre de 2015

Pesebres 1



Pesebres de mi tierra
Darío Sevillano Álvarez

Los pesebres en Sopetrán son muy escasos, porque esta es una costumbre que está desapareciendo lenta. pero seguramente.

A continuación les mostramos las mejores fotografías 
de los pocos pesebres que hay:

Este es en el estadero de Córdoba.

Así luce el del templo parroquial 
del corregimiento de Córdoba.

Detalle del telón de fondo
y de algunas de las viviendas de esa época.

Este es el mercado comunitario del pesebre.

Rebaño con sus pastores.

Cara sur del pesebre comunitario 
en el corregimiento de Córdoba.
  
Esta es su cara occidental.


La cara norte, se aprecia así.

Por ultimo miremos su cara oriental.






Sopetrán, 20 de diciembre del 2015.

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lunes, 6 de octubre de 2014

Conversión de Roy H. Schoeman



Era un judío hasídico, pero vivía mundanamente. En un sueño, la Virgen María respondió sus preguntas

Roy H. Schoeman es un ingeniero informático de origen judío ortodoxo que ha contado su asombrosa conversión al catolicismo en diversas ocasiones. Hoy comparte su testimonio y su visión de cómo el cristianismo completa la revelación hebrea. Publicamos aquí su testimonio prácticamente tal como aparece en la web «Primera Luz», y puede encontrarse más detallado en inglés en su propia web Salvationisfromthejews.com.

Tomado de Infocatólica 14-10-05

(Carifilii/InfoCatólica) «Crecí como judío en un barrio de clase media en la ciudad de Nueva York, hijo de refugiados judíos que habían huido de Alemania a los inicios del régimen de Hitler.
Mis padres eran activos en la congregación judía conservadora local, y para el promedio americano, tuve una educación judía bastante religiosa. Asistí a estudios de religión después de la escuela, desde el primer grado hasta que llegué a la universidad. Tuve mi Bar Mitzvah, y con frecuencia, aunque no siempre, asistía a los servicios del Sabbath y a las fiestas religiosas judías.

Rabinos místicos

Crecí en contacto con rabinos extraordinarios que Dios me dio para mi formación religiosa, y hasta tuve que debatir si yo tenía vocación religiosa.
El verano al final de mis estudios secundarios, antes de comenzar la universidad, lo pasé viajando por todo Israel, con un rabino hasídico carismático y místico, el rabino Shlomó Carlebach, que todas las noches ofrecía un concierto, que era en realidad una estática sesión de alabanza hasídica.
Por un tiempo pensé quedarme en Israel para estudiar en alguna de las yeshivas (escuelas de religión) ultra ortodoxas que allí existen y que constituyen lo más cercano del judaísmo a la «vida religiosa», pero regresé para iniciar mis estudios en MIT, Massachusetts Institue of Technology, en matemáticas e informática.

Universidad sin fe ni pureza

En la universidad traté de preservar mi fervor religioso, y me mantuve activo en una congregación hasídica local, pero pronto caí en la moral y mentalidad más típica de MIT. Existe una estrecha relación entre la pureza de mente y de conducta, y la intimidad con Dios. Aunque al principio Él no sea estricto en sus reglas, más tarde o más temprano, no puede esperarse que se mantenga la intimidad, si no se juega según sus reglas. A medida que abandoné sus reglas, perdí la intimidad con Él.
Al final de la universidad, el placer de la oración no era más que una memoria abstracta, y me había imbuido en los caminos del mundo. Después de algunos años diseñando sistemas de ordenadores, decidí asistir a la Escuela de Negocios de Harvard para estudiar una maestría en Administración de Empresas (MBA). Como resultado de un trabajo excepcional, se me invitó a formar parte de la facultad, a la vez que continuaba mis estudios hacia un doctorado, en preparación a una carrera en la enseñanza universitaria.

Éxito mundano, vacío interior

Al perder contacto con Dios, también perdí el sentido de propósito y dirección en mi vida. Yo seleccionaba el sendero de menor resistencia, que, a los ojos del mundo, constituía el éxito. Estar en la facultad de la Escuela de Negocios de Harvard a los treinta años era casi un éxito.
Sin embargo, a medida que completaba cada meta, me enfrentaba a un sentimiento cada vez más profundo de vacío, de falta de sentido en los éxitos. Ya para ese entonces, después de unos cuatro años enseñando en Harvard, me sentía deprimido interiormente y con una gran falta de sentido en mi vida, rayando en la desesperación.
Yo no era el único que me sentía así. Un colega en la facultad me confió que, al día siguiente del día en que su cátedra se convirtió permanente, después de una década de esfuerzos, casi renunció, abrumado por el sentimiento de vacío y la falta de sentido en todo por lo tanto había luchado.
Hacía mucho tiempo que había abandonado la vida de oración y mi consuelo mayor durante este periodo consistía en largas caminatas solitarias entre la naturaleza. Fue en una de estas caminatas que recibí una de las gracias más singulares de mi vida.

Una experiencia ante Dios

Era temprano en una mañana a principios de junio, junto al mar en Cape Cod, en las dunas entre Provincetown y Truro, solitario, junto a las aves que cantaban antes de que el resto del mundo despertara, cuando, por falta de mejores palabras, «caí en el cielo».
Me sentí, casi consciente y físicamente, en la presencia de Dios. Vi pasar mi vida frente a mí, viéndola como si estuviera repasándola en la presencia de Dios después de la muerte.
Vi todo lo que me agradaría y todo lo que me pesaría. Me di cuenta, en un instante, de que el significado y el propósito de mi vida era amar y servir a mi Señor y Dios.
Vi cómo Su amor me rodeaba y me sostenía en cada momento de mi existencia. Vi cómo todo lo que hacía tenía un contenido moral, para bien o para mal, y cómo todo contaba mucho más de lo que jamás pude imaginar.
Vi cómo todo lo que me había acontecido en mi vida había sido lo más perfecto que podía haberse preparado para mi bien, por un Dios que era todo bueno, todo amor, y especialmente aquellas cosas que me habían causado más sufrimiento cuando sucedieron.
Vi que los dos pesares mayores al momento de mi muerte serían, todo el tiempo y la energía desperdiciada preocupándome porque nadie me quería, cuando en cada momento de mi existencia me encontraba en medio del inimaginable, inmenso mar del amor de Dios; y cada una de las horas desperdiciadas, sin hacer nada de valor a los ojos de Dios.
La respuesta a cualquier pregunta que me surgía era respondida instantáneamente. Es más, no podía preguntarme nada sin que ya no supiera la respuesta, con una excepción de gran importancia: el nombre del Dios que se me revelaba como el significado y propósito de mi vida. No pensaba en él como el Dios del Viejo Testamento, a quien llevaba en mi imaginación desde mi infancia.

Dios, ¿cómo te llamas? ¡Que no sea Jesús!

Oré para que Dios me revelara su nombre, para saber qué religión debía seguir, para poder adorarlo debidamente. Recuerdo haber rezado diciendo: «Permíteme conocer tu nombre. No me importa si eres Buda, y tengo que hacerme budista; no me importa si eres Apolo, y tengo que convertirme en un pagano romano; no me importa si eres Krishna y tengo que convertirme en Hindú;¡mientras que no seas Cristo y ¡tenga que volverme cristiano!».
Esta profunda resistencia al cristianismo se basaba en un sentimiento de que el cristianismo era el «enemigo», la perversión del judaísmo que había sido la fuente de dos mil años de sufrimiento para los judíos. Dios, que se había revelado a mí en la playa, también había escuchado mi rechazo de conocerlo, y había respetado mi decisión. De modo que no recibí respuesta alguna a mi pregunta.
Volví a mi casa en Cambridge y a mi vida ordinaria. Sin embargo, todo había cambiado. Pasaba todas mis horas libres en búsqueda de este Dios, en silencio en medio de la naturaleza, leyendo, y preguntando a otros sobre estas experiencias místicas.
Como me encontraba en Cambridge, en la década de 1980, era inevitable el seguir algunas de las sendas de la Nueva Era, y terminaba leyendo mayormente escritos espirituales hindúes y budistas.

Una santa española

Sin embargo, un día, caminando en la plaza de Harvard, me llamó la atención la cubierta de un libro en la vitrina de una tienda. Sin saber nada del libro, ni de su autor, compré El castillo interior de Santa Teresa de Ávila. Lo devoré, encontrando un gran alimento espiritual en su interior, pero todavía no creía en las alegaciones del cristianismo.
Continué en esta trayectoria ecléctica, indiscriminatoria, por exactamente un año. El día exacto en que se cumplió un año de mi experiencia en la playa, recibí la segunda gracia extraordinaria de mi vida.
Admito con franqueza que, en todos los aspectos exteriores, lo que sucedió fue un sueño. No obstante, cuando me quedé dormido sabía muy poco del cristianismo y no tenía ninguna simpatía especial por él ni por ninguno de sus aspectos. Sin embargo, cuando desperté, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María, y no deseaba más nada que volverme tan totalmente cristiano como pudiera.

Entrevista con la joven más bella

En el sueño, fui conducido a una habitación y se me concedió una audiencia con la joven más bella que jamás podía haber imaginado. Sin mediar palabra, sabía que era la Santísima Virgen María. Ella estuvo de acuerdo en contestar cualquier pregunta que le hiciera, y recuerdo que me encontraba allí, barajando varias posibles preguntas en mi mente, y haciéndole cuatro o cinco de ellas. Me las contestó, y entonces me habló por varios minutos, y entonces terminó la audiencia.
Mi experiencia de lo sucedido, y mis recuerdos, son de algo sucedido completamente despierto. Recuerdo todos los detalles, incluyendo naturalmente, las preguntas y las respuestas, pero todo palidece en comparación al aspecto más importante de esta experiencia: el éxtasis de estar en su presencia, en la pureza e intensidad de su amor.
Cuando desperté, como ya mencioné, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María y sabía que el Dios que se me había revelado en la playa era Cristo. Todavía no sabía casi nada del cristianismo ni tenía idea de la diferencia entre protestantes y católicos.
Mi primera incursión en el cristianismo fue en una iglesia protestante, pero cuando toqué el tema de María con el pastor, su rechazo me hizo decir: «¡me voy de aquí!».

Deseo de comulgar


Mientras tanto, mi amor por María me inspiraba a pasar el tiempo en santuarios marianos, especialmente los de Nuestra Señora de La Salette (en el de Ipswich, Massachusetts, y en el de la aparición original, en los Alpes franceses) . Me encontré, sin anticiparlo, con frecuencia presente en misas, y aunque todavía no creía en la iglesia católica, sentía un intenso deseo de recibir la Comunión.
Cuando me acerqué por primera vez a un sacerdote y le pedí que me bautizara, todavía no tenía ninguna creencia católica. 
—¿Por qué quieres ser bautizado? 
—¡Porque quiero recibir la Comunión y ustedes no me dejan, si no estoy bautizado! —le contesté molesto.
 Pensé que me agarraría de la oreja y me echaría de allí; pero por el contrario, me dijo: ¡Ajá, ése es el Espíritu Santo, que está trabajando en ti!»

María y la Eucaristía, una brújula

Todavía tuve que esperar varios años y madurar en mi fe antes del bautismo, pero mi amor a María y mi sed por la Eucaristía me guiaron, como una brújula, hacia mi meta. Le estoy infinitamente agradecido a Dios por mi conversión y les estoy infinitamente agradecido por las personas que ha puesto en mi camino».

Laus Deo Virginique matri

miércoles, 9 de julio de 2014

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

utor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid 

De catholic.net
 
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá

Patrona de Colombia

Durante siglos, el pueblo colombiano da gloria a Dios por medio de su Madre la Santísima Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chinquinquirá.

Es este uno de los más importantes y frecuentados santuarios de Colombia. La Virgen está representada en un lienzo, con el Niño en brazos y, como parece lógico, con el Santo Rosario en la mano.

La tradición nos cuenta que hace cuatro siglos don Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y Chiquinquirá, solicitó al español Alonso de Narváez (h. 1560) que pintara una imagen de la Virgen del Rosario, para colocarla en una pequeña capilla.

La pintura fue realizada sobre una tela de algodón de procedencia indígena, media 44 pulgadas de alto por 49 de ancho, Alonso de Narváez usó colores al temple, realizó una imagen de la Virgen del Rosario con el Niño Jesús, y a los lados puso al Apóstol San Andrés y a San Antonio de Padua.

El cuadro fue ubicado en la capilla que poseía don Antonio en sus aposentos de Suta, estuvo allí durante más de una década, pero la capilla tenía el techo de paja, lo que provoco que la humedad deteriorara la pintura hasta dejarla completamente borrosa.

Tras la muerte de Santana, su viuda, se trasladó a Chiquinquirá, hacia el año 1577-78. La imagen fue llevada a ese lugar, pero se encontraba en tan mal estado que fue abandonada en un cuarto, habitación que tiempo atrás había sido usada como oratorio.

Al comenzar el año 1586, se estableció en Chiquinquirá, una piadosa mujer, María Ramos, nacida en Sevilla (España), la señora reparó el viejo oratorio y colgó en el mejor lugar de la capilla, la deteriorada pintura de la Virgen del Rosario.

El día 26 de diciembre de 1586, María salía de la capilla, cuando pasó frente a ella una mujer indígena llamada Isabel y su pequeño hijo. En ese momento Isabel grito a María «mire, mire Señora...». Ella dirigió la mirada hacia la pintura, la imagen aparecía rodeada de vivos resplandores, prodigiosamente los colores y su brillo original habían reaparecido, los rasguños y agujeros de la tela habían desaparecido. Con tan maravilloso suceso se inició la devoción a Nuestra Señora de Chiquinquirá.

jueves, 26 de junio de 2014

Beata Laura Vicuña Pino (1891-1904)

Una niña que encontró a Jesús y da la vida por la conversión de su madre
Fiesta 22 de enero

Sus amores: Jesús Sacramentado y María Auxiliadora. Es criada en la espiritualidad Salesiana.

Imitadora de las virtudes Domingo Savio (1842-1857, canonizado por Pío XII en 1954), a quien se parece en su amor puro a Jesús y a la Virgen. Adoptó el lema del joven «Antes morir que pecar» Murió joven como él. 

Nació en Santiago, Chile, el 5 de abril de 1891. Su padre, Don José Domingo Vicuña, pertenecía a una familia de la aristocracia criolla chilena, de gran influencia política y alto nivel social. Su madre, Doña Mercedes del Pino, era de una familia humilde. Esta diferencia causa tensión familiar desde el principio.

Hay revolución en Chile, la familia está con el Gobierno y debe huir de la capital y refugiarse a 500 km. Pronto su padre muere y queda su madre con dos niñas, Laura, de dos años, y Julia Amanda recién nacida. Emigran a la Argentina. El viaje es muy difícil y Doña Mercedes no tiene donde estar. Se junta en unión libre con Manuel Mora. En 1900 Laura es internada en el colegio de las Hermanas Salesianas de María Auxiliadora en Junín de los Andes. Pronto destaca por su devoción. Sueña con ser religiosa.

Cuando escucha de una maestra que a Dios le disgustan mucho los que conviven sin casarse, la niña cae desmayada de espanto. En la próxima clase, cuando la maestra  habla otra vez de unión libre, la niña empieza a palidecer. Laurita, a su tierna edad, se duele muchísimo cuando Dios es ofendido. Ahora comprende la situación en que está su madre. Lejos de resentirse contra ella, decide entregar su vida a Dios por su salvación.

Laura comunica el plan al confesor, el adre Crestanello, salesiano. Él le dice: 

—Mira que eso es muy serio. Dios puede aceptarte tu propuesta y te puede llegar la muerte muy pronto. 

Ella está resuelta en su ofrenda. Recibe la comunión a los diez años. Ese día se ofrece a Dios y es admitida como Hija de María.

En casa, Mora trata de manchar la virtud de Laura pero ella se resiste, por lo que es echada de la casa, a dormir a la intemperie. Después de esto, Mora no quiere pagarle la escuela pero las hermanas la aceptan gratuitamente. Un día, cuando la niña vuelve a casa, Mora le da a Laura una paliza salvaje.  


Hay una inundación en la escuela en pleno invierno. Laura pasa muchas horas con los pies en el agua helada, ayudando a salvar a las más pequeñas. Cae enferma de los riñones con grandes dolores. La madre se la lleva a su casa pero no se recupera.


Laura le dice a su madre: 

—mamá, la muerte está cerca, yo misma se la he pedido a Jesús. Le he ofrecido mi vida por ti, para que regreses a Él.

Le pide que abandone a Mora y se convierta. Ella le promete cumplir su deseo. Sigue orando y ofreciendo sus sufrimientos intensos por su madre. 

—Señor, que yo sufra todo lo que a Ti te parezca bien, pero que mi madre se convierta y se salve.

Entra en agonía y dice: 

—Mamá, desde hace dos años ofrecí mi vida a Dios en sacrificio para obtener que tu no vivas más en unión libre. Que te separes de ese hombre y vivas santamente. Mamá, ¿antes de morir tendré la alegría de que te arrepientas, y le pidas perdón a Dios y empieces a vivir santamente?


—¡Ay hija mía! —Exclama doña Mercedes llorando—, ¿entonces yo soy la causa de tu enfermedad y de tu muerte? Pobre de mí ¡Oh Laurita, qué amor tan grande has tenido hacia mí! Te lo juro ahora mismo. Desde hoy ya nunca volveré a vivir con ese hombre. Dios es testigo de mi promesa. Estoy arrepentida. Desde hoy cambiará mi vida.

Laura manda llamar al Padre Confesor.

—Padre, mi mamá promete solemnemente a Dios abandonar desde hoy mismo a aquel hombre. —Madre e hija se abrazan llorando.

Desde aquel momento el rostro de Laura se torna sereno y alegre. Ha cumplido su misión en la tierra. Ha sido instrumento fiel de la Divina Misericordia. Ha triunfado el amor. Recibe la unción de los enfermos y el viático. Besa repetidamente el crucifijo. A su amiga que reza junto a ella le dice:

—¡Que contenta se siente el alma a la hora de la muerte, cuando se ama a Jesucristo y a María Santísima!

Lanza una última mirada a la imagen de la Virgen que está frente a su cama y exclama:

—Gracias, Jesús, gracias Marí.

Muere dulcemente. Era el 22 de enero de 1904. 

La madre tuvo que cambiarse de nombre y salir disfrazada de aquella región para verse libre del hombre que la perseguía. Y el resto de su vida llevó una vida santa.

Laura Vicuña ha hecho muchos milagros.


El Papa Juan Pablo II la declaró Beata en 1988.

Sus restos están en el Colegio María Auxiliadora de Bahía Blanca Argentina.


ORACION

Señor Jesús: Tú que concediste a Laura Vicuña la gracia de ofrecer su vida por la salvación del alma de su propia madre, concédenos también a todos nosotros la gracia de obtener buenas obras, la conversión y salvación de muchos pecadores. Amén.

Tomada de www.corazones.0rg

miércoles, 30 de octubre de 2013

Máquina de maravillas, o el Rosario rezado de verdad

Por P. Miguel Ruiz Tintoré 





Máquina de Maravillas o el Rosario bien Rezado
del padre Miguel Ruiz Tintoré


Publicado en octubre (mes del Rosario) de 2013 por la Asociación ARVO (Casablanca Comunicación, Salamanca).


Siempre he amado el Rosario a corazón batiente. Bajo la acción, que pido, del Espíritu Santo, hágase hoy y aquí la mezcla y cocimiento de todo lo vivido, de todo lo leído, de todo lo atesorado en tantos años que han erosionado tantas cuentas. La acción del Espíritu Santo, en realidad, ya la tengo, en la forma de las reflexiones y la sabiduría de un franciscano conventual que vive en Argentina y que desde hace tiempo es un amigo del alma de mi alma. Vamos a hablar del Rosario; pero, o tigres me coman vivo, o he de hacerlo de tal modo, que cada uno de los lectores encuentre una manera de mejorar su rezo.

Beato Juan PabloII 
Carta apostólica 
Rosarium Virginis Mariæ
Mi fraile —yo he guardado casi todo lo que me escribe— declara: «Mire, padre, el Rosario es un camino, pero en mi caso, es “el camino”». Para él, el Rosario no es una devoción, sino que puede ser todo un camino «y hacerse el centro de la vida». Y me cuenta cómo el padre Pío rezaba quince Rosarios diarios (mi máximo son ocho.). Y añade: «Cuando yo hablo de oración, tradúzcase “rosario” […]. No tengo otra fuente que no sea el Santo Rosario», y del Rosario saca sus homilías, charlas y retiros, a pesar de que hace una lectio de la Sagrada Escritura de no sé cuántas horas. Es un camino legítimamente central para aquellos a quienes el Espíritu quiera llevar por ahí. Toda la espiritualidad puede beberse de María, por lo mismo que no hay virtud que no esté entera en su Corazón. No haya remilgos críticos, que el Rosario es una oración eminentemente centrada en Jesús, y si queréis una prueba y un símbolo de ello, el Beato Juan Pablo II recordaba que «… el centro del Avemaría […] es el nombre de Jesús»[1]. Y María, como siempre, «no es el centro, pero está en el centro». Eso, para los que ya encendían aquella hoguera de allá.

El Rosario bueno y el Rosario de pacotilla

Ay, el Rosarín que no se cree nadie. Ay, el pseudorrosario de los papagayos… Hay que explicar qué es y qué no es el Rosario.

Pablo VI
Exhortación apostólica 
Marialis cultus
El Rosario no es de ninguna manera una oración exclusivamente vocal. Quienes rezan el Rosario por el sencillo procedimiento de rezar padrenuestros y avemarías, y a cada diez enunciar —sin contemplar— un misterio, no rezan el Rosario: lo fingen. Rezar cuatro partes del Rosario sin contemplar los misterios es rezar una parte muy pequeña del Rosario. Se puede hablar a María sin hablar a María, lo mismo que hay tantos que comulgan sin comulgar (dejaron el alma en casa). ¿Alguien puede creer que la Señora nuestra haya insistido tanto en el Rosario para que hagamos lo mismo que los papagayos? Pablo VI habló de la contemplación: «... sin esta el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: «Orantes autem nolite multum loqui sicut ethnici; putant enim quia in multiloquio suo exaudiantur» (Mt 6, 7). ‘Y orando no seáis habladores, como los gentiles que piensan ser escuchadospor su mucho hablar’. Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso que favorezcan en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del Corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor, y que desvelen su insondable riqueza»[2]. Un cuerpo sin alma es un cadáver. ¡Cuántos rezan cadáveres!

Yo entiendo el Rosario de esta forma: Jesús y María, que desean nuestra contemplación, se nos hacen los encontradizos en la recitación. El Rosario verdadero no es el Rosario de recitación, sino el de contemplación. Es muy santa la oración vocal y la recitación: pero el Rosario no es eso. El Rosario es una oración más mental que vocal; y por ello, más que hablar, es escuchar, y sabed que «escuchar» viene de «auscultare», y que me peguen los médicos si lo que se ausculta no es el corazón. Nosotros, el Corazón de Jesús y el Corazón de María. O yo soy muy lerdo, o quien empieza a saber estas cosas se precipita a rezar el Rosario, y si ya lo reza, a rezarlo de nueva manera. El Rosario es una escuela de contemplación. «La Biblia de los pobres», de los mayores que no pueden leer, de los que nunca aprendieron:. «Scrutamini Scripturas, quia vos putatis in ipsis vitam æternam habere; et illaæ sunt, quæ testimonium perhibent de me». (Jn 5,39) ‘Escudriñad las Escrituras, ya que en ellas creéis tener la vida eterna pues ellas dan testimonio de mí’. En el Catecismo mismísimo lo tenemos: «La oración cristiana se aplica preferentemente a meditar los misterios de Cristo, como en la lectio divina o en el Rosario. Esta forma de reflexión orante es de gran valor»[3]. ¿Os dais cuenta de la naturalidad con que apareja el Rosario con la meditación bíblica? Porque algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Enrique Lacordaire
Y aquí está la respuesta a quienes desprecian el Rosario por repetitivo. El Rosario de contemplación aumenta el amor a cada avemaría. Los enamorados repiten continuamente una sola frase: «Te quiero»; y no es repetir. Estas son unas memorables palabras de Lacordaire: «El racionalista sonríe al ver pasar las filas de pueblo que repite las mismas palabras; el que está iluminado por mejor luz comprende que el amor no tiene más que una palabra y que, aun repitiéndola siempre, jamás la repite bastante»[4]. 

Otra cosa es mover la epiglotis. Y a fe mía que hay quienes la mueven con presteza. Mi frailuco me escribe: «Rosarios (o sartas de cuentas) tienen casi todas las religiones para rezar —los ortodoxos (para rezar la Oración de Jesús), los hindúes, los budistas, los islámicos, etc.—. Yo he estado en contacto con  todas esas personas y he visto cómo ponen mucho fervor cuando rezan sus rosarios. En cambio, cuando se reza el Santísimo Rosario de la Virgen María en una gran cantidad de parroquias católicas, ¡mamma mia!, yo no sé cómo pueden pronunciar tantas palabras por segundo…». Y me cuenta: «No hace mucho leí un artículo de una señora que contaba sus experiencias y decía que ella rezaba tres rosarios al día —uno por ella, uno por su esposo y otro por sus hijos—. El primero, el de la mañana, era un rosario "rápido” —decía ella—, un rosario que no le llevaba más de diez minutos. El otro —al mediodía— era más “reflexivo", porque le llevaba quince minutos. Y el de la noche, lo rezaba junto con su familia mirando la televisión. Yo me quedé sencillamente espantado cuando leí esa sarta de horrores».

Santo Domingo de Guzmán
También está aquí la respuesta a quienes no rezan el Rosario porque se distraen. Perder de vista las palabras del Avemaría por elevarse a contemplar la vida de Jesús y María es, precisamente, el ideal de un Rosario. Si la mente va a cosas más terrestres, la Virgen lo contempla sonriendo; y el Beato Juan XXIII, desde el cielo, lo contempla repitiendo lo que dijo: «El peor Rosario es el que no se reza».

Beato Juan XXIII
¿Y si somos pecadores? Jamás os apartéis de la medicina por causa de la enfermedad. Los pecadores tenemos más razones para rezarlo, y Santa María no desea otra cosa. El Rosario no es un premio; es una medicina. Vuelve a decir mi fraile francisco, quien se siente terriblemente pecador: «En esta lucha encarnizada de mi alma con todo el infierno, a veces me siento desmayar… […] El enemigo […] no me acusa de nada que yo no tenga plena conciencia de haber cometido. Yo cometí esos pecados y son gravísimos. Es por eso por lo que desespero y me siento tan atormentado...

San Luis María
Grignión de Montfort

El secreto admirable 
del Santísimo Rosario
»En fin, hay unas palabras de San Luis María Grignion de Montfort para los pecadores y dicen así: "Si sois fieles en rezar el Santo Rosario devotamente hasta la muerte, a pesar de la enormidad de vuestros pecados, creedme: Percipietis coronam immarcescibilem’ (1 Pe 5,4), ‘recibiréis una corona de gloria que no se marchitará jamás’. Aun cuando os hallaseis en el borde del abismo, o tuvieseis ya un pie en el infierno; aunque hubieseis vendido vuestra alma al diablo, aun cuando fueseis unos herejes endurecidos y obstinados como demonios, tarde o temprano os convertiréis y os salvaréis, con tal que (lo repito y notad las palabras y los términos de mi consejo) recéis devotamente todos los días el Santo Rosario hasta la muerte, para conocer la verdad y obtener la contrición y el perdón de vuestros pecados"»[5].

Me escribe también este pecador santísimo: «A veces tengo miedo de la cuenta que tendré que dar y así mismo se lo digo al Señor “con llantos y sollozos” todos los días… Me arrepiento de todo corazón de haberle ofendido tanto […]. Es por eso por lo que me gusta tanto el Santo Rosario, porque cuando medito en los misterios, me deleito en la belleza de cada uno de ellos y me olvido de mi fealdad espiritual. Y a veces, me detengo para decir algúna avemaría mirando la imagen de la Virgen para saborear bien esa oración que me encanta. En ocasiones, he sentido en la boca sabor a miel cuando digo esa oración».

¿Y cómo contemplaré los misterios?

Con el Rosario contemplado, iremos de descubrimiento en descubrimiento, profundizando en la vida de Jesús y la de María y en todo lo que conforma nuestra religión y nuestra vida. Será un avance que haremos de asombro en asombro, y, en ocasiones —la experiencia os habla— os parecerá estar en el centro mismo de la felicidad. Otras veces, siguiendo la regla común de la oración, sufriremos aridez y no veremos nada…, pero nuestra fidelidad seguirá con el rezo hasta que el Señor Bueno decida devolvernos un cielo claro.

S. S.Benedicto XVI, 
Exhortación apostólica Verbum Domini
Para la contemplación, yo creo que el principio más importante es el de la originalidad, la variación, no atarse a nada, la imaginación. Vaya por delante que los papas piden que, tras enunciar el misterio, se diga algún versículo bíblico relacionado, y ya es vergüenza nuestra que eso no se haga en casi ningún lugar [6]. Pero además, lo más frecuente es dejar un silencio (suficiente) para contemplar entre el versículo y el recitado; puede hacerse una contemplación brevísima, y dedicar en otro momento unos minutos a la contemplación intensa; pueden leerse, en el rezo o aparte, los textos bíblicos; pueden leerse también tantísimos libritos o folletos que hay sobre los misterios; puede buscarse una canción, o componerla; pueden recitarse poemas sobre el misterio; puede doblarse el tiempo de Rosario y —dado que es oración mental— dar por hecha la oración habitual ante el Sagrario; puede escogerse un tema, y en torno a él hacer girar la meditación de cada misterio: por el tiempo litúrgico, por un pasaje bíblico que nos ha impactado, por una circunstancia que atravesamos, etc. (método especialmente recomendable); es muy bueno ser niños y, por ejemplo, empezar el Rosario anunciando a la Virgen que vamos a celebrar que ella es dulcísima, y por lo tanto contaremos las avemarías con caramelos (¿ridículo? Para el que no lo ha probado); podemos pedirle que por cada avemaría solucione el hambre de alguien ese día, o saque un alma del purgatorio, o convierta un pecador. Estoy hablando de infancia y de imaginación.

Múltiples métodos, pues. Pero la tradición monástica (desde Domingo el Cartujo hasta Alano de Rupe) ha desarrollado un método para cuando estemos avanzados. Se trata de las cláusulas, y es el método que mejor manifiesta el carácter de oración mental del Rosario y mejor despliega su capacidad de unirnos, por María, con Dios. La cláusula es una frase que uno añade, normalmente inventándola en el momento, al avemaría, sea antes de comenzar esta oración, sea después del nombre de Jesús, como: «Dios te salve, María…, Jesús, que al hacerse hombre se hizo uno como nosotros», «… Jesús, que se ha hecho hombre-Dios para reparar el pecado del hombre contra Dios», «… Jesús, que se ha hecho hombre-Dios para que yo trate a los hombres mejor que lo he hecho esta mañana con mi compañero», «… Jesús, encarnado para entender los problemas de los hombres, y así comprender la necesidad económica de mi amigo Antonio», «A la que es reina del Mundo porque es madre de Dios, Dios te salve, María…».

Quien lo probó lo sabe. Dice mi buen amigo: «Yo me siento muy bendecido con las cláusulas y las utilizo para concentrarme. Por eso […], he tenido un tiempo de oración mental muy pleno». Y me aclara: Las cláusulas deben ser distintas y precisas. No puede haber divagaciones. De ser posible, deben centrarse en alguna situación del momento. Por ejemplo, en la visita de María a su prima Isabel, hoy, yo hice hincapié en situaciones específicas en las que tuve que subir una montaña y no la subí, y en situaciones actuales en que me veo precisado a subir alguna montaña y no me encuentro muy dispuesto…». Cláusulas distintas y puntuales para mí significa lo de antes: imaginación, que es vida, contra el sopor mortecino de los Rosarios inexplicables de quienes sólo recitan, de los que comen la cáscara y tiran el fruto, de los ciegos que manejan millones y los tratan como calderilla barata; de aquellos de los que diría el Maestro: «Populus hic labiis me honorat, cor autem eorum longe est a me»; (Mc 7, 6). ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí’.

Nosotros preferimos —¿o no?— dar culto a Dios «in Spiritu et veritate» (Jn 4, 23), ‘en espíritu y en verdad’. Por eso queremos hacer lo que hacía María, que «conservabat omnia verba hæc conferens in corde suo». (Lc 2, 19), ‘guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón’; queremos poner nuestro corazón a latir al unísono con el de María. Buscar la óptica de María; nos morimos por entrar en su mirada. Queremos, en palabras del Beato Juan Pablo II, «contemplar con María el rostro de Cristo»[7], y yo prefiero decir, combinando estas palabras con las anteriores de S. S. Pablo VI [8], «contemplar el rostro de Cristo con el Corazón de María». San Antonio-María Claret insistía en que la imagen del Inmaculado Corazón debía ser la Virgen del Rosario con el Corazón en el pecho. Y, en fin, cuántas cosas están dichas en estas palabras con las que podemos concluir:

«Si el Evangelio nos dice que ella todo lo guardaba y meditaba en su corazón, significa que ella componía su oración con estos acontecimientos. Es como si ella rezara su Rosario, un Rosario sin cuentas, volviendo siempre a lo importante en la vida de su Hijo y en su propia vida. María no podía olvidar el primer acontecimiento de gran importancia en su vida, que fue la anunciación, ni tampoco los demás acontecimientos gozosos, ni aquellos que se relacionaran con la pasión y la resurrección de su Hijo. Y esa fue su oración.

»Si rezas el rosario, oras como María, eres como una imagen de la madre de Dios. La imitas en guardar y meditar los misterios del Hijo y de la Madre (cfr. Lc 2, 19-51). Ella es la memoria de la Iglesia, nuestra memoria sobre aquellos acontecimientos que deben ser para nosotros algo vivo. Al meditarlos entras en contacto con esos misterios, y así se convierten en canales de gracia para ti. Enamorarse del Rosario significa enamorarse del Evangelio, enamorarse también de María y de todas las cosas que ella guardaba y meditaba en su corazón, aquellas que fueron el contenido de su vida»[9].

[1] Carta apostólica Rosarium Virginis Mariæ (2002), n.° 33.
[2] Exhortación apostólica Marialis cultus (1974), n.° 47.
[4] Vida de Santo Domingo, cap. 6.
[6] Cfr. Beato Juan Pablo II, carta apostólica Rosarium Virginis Mariæ (2002), n.º 30; S. S.Benedicto XVI, Exhortación apostólica Verbum Domini, 88. También Beato Juan Pablo II Rosarium Virginis Mariæ, 35 pidió que, al acabar el misterio, pidiésemos los frutos de su contemplación, y nadie lo hace.
[7]  Carta apostólica Rosarium Virginis Mariæ, 3.
[8] Cfr., más arriba, p. 1.
[9] Tadeusz Dajczer, Meditaciones sobre la feMadrid: San Pablo, 1994, pp. 241-242.


Miguel Ruiz Tintoré - miguelruiztintore@gmail.com – Junio de 2013
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Editado por Gabriel de Jesús de la Dolorosa Escobar Gaviria

Laus Deo Virginique Matri