jueves, 1 de septiembre de 2016

Nuestra Señora en el metro de medellín

Estación TC-3 El Poblado
Nuestra Señora de La Candelaria de La Popa

Este cuadro de Nuestra señora de la Candelaria de La Popa preside la entrada norte de la estación El Pblado en el barrio El Poblado de Medellín


El autor es Eduardo Toro, copia de una obra de Enrique Grau



Nuestra Señora de la Candelaria,
patrona de Cartagena de Indias
y de la región caribe,
entre historias y leyendas


La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de la Candelaria es una de las advocaciones más antiguas de la Virgen María. Su fiesta litúrgica se celebra en toda la Iglesia Católica el 2 de febrero y en la ciudad de Cartagena de Indias (Colombia), y el 15 de agosto en las Islas Canarias (España). La imagen es venerada en el archipiélago Canarias, especialmente en la isla de Tenerife (lugar de su aparición), donde es conocida popularmente como la Morenita, es la Patrona de Canarias siendo una de las siete patronas de las comunidades autónomas de España.

Igualmente la Virgen de la Candelaria es la patrona de varias ciudades del Nuevo Mundo como: Medellín y Cartagena de Indias (Colombia), entre otras.

La iconografía de la Virgen de Candelaria se basa en el episodio bíblico de la Presentación del Niño Jesús en el Templo de Jerusalén (San Lucas 2,22-40). La virgen sostiene la candela o vela de la que toma nombre y el Niño Jesús, por su parte, sostiene en sus manos un pajarito.

Según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor. Como era costumbre, la Virgen María, se sometió a la vez al rito de la purificación (Cf. Lev. 12, 6-8). (Wikipedia)

Historia de la Virgen de la Candelaria 
en el cerro de La Popa en Cartagena de Indias




Cuenta la historia que en 1608 vivía en el monasterio de la Candelaria (convento agustino recoleto de estilo Colonial fundado en 1604 por el padre Mateo Delgado en honor a nuestra Señora de la Luz de la Candelaria), ubicado en la zona del desierto del mismo nombre cerca de la localidad de Ráquida, un monje agustino llamado fray Alonso de la Cruz Paredes.

Mientras estaba en oración se le apareció la Santísima Virgen en la advocación de María Inmaculada con arcángeles y serafines y asentando sus pies sobre un trono de nubes de armoniosos colores.

La Santísima Virgen le dijo que debía construirle una Iglesia en Cartagena de Indias. La Iglesia debería estar localizada en la montaña más alta que viera al llegar a la gran bahía de Cartagena. El monje de rodillas murmuró: «Mater Gloriosa et Benedicta».

Consultó lo sucedido con el venerable Mateo y con Vicente Mallol; y contando con su aprobación, partió de la Candelaria (el desierto  Ráquira) con los compañeros que le fueron asignados para la fundación del convento solicitado,


Monasterio de la Candelaria


El desierto de la Candelaria

Fray Alonso emprendió un viaje muy largo, peligroso, y pobre y llegó a dicha ciudad descubriendo que el sitio más alto era el cerro de La Popa de La Galera llamado así porque parece un barco.

Además ofrece un despeñadero o precipicio por el lado que mira a la ciudad y al mar Caribe.






Exactamente allí en esa colina se adoraba al diablo en unas chozas y se hacían grandes y ruidosas reuniones de indígenas y mestizos. Según Jaime Humberto Borja en su obras. Rostros y rastros del demonio en la Nueva Granada. Editorial Ariel, Santa Fé Bogotá.1998. También se reunían allí individuos de raza negra, esclavos escapados de sus amos.

La Popa era todavía un lugar salvaje cubierto por espesa selva que servía de refugio a muchas especies de reptiles, algunos de ellos terriblemente venenosos. Esto hacía que los habitantes de Cartagena mirarán el lugar como algo terrorífico e impenetrable, pero lo que más terror les infundía era la presencia allí del demonio.

Las autoridades Españolas muy preocupadas por sacar el oro a los indios se habían olvidado de esta impiedad e idolatría que lesionaba a la Santa Madre Iglesia.

El diablo allí se hacía llamar Buziraco y venía de visita a las frenéticas fiestas que se celebraban en su honor. En dichas ocasiones se encarnaba en un macho cabrío llamado Urí al cual se le rendían grandes honores.

Existía un gran templo o bohío, que era totalmente cerrado sin ventanas para que no entrara luz y se hiciera oscuridad como le gusta al demonio.

Había una gran tinaja de agua donde sumergían las joyas de oro para que el diablo las bendijera.

Sobra decir que había muchos tambores y danzas extenuantes. Se utilizaba mucho tabaco, licores y sustancias propias de fiestas impías. Según Víctor Manuel Patiño en Historia de la cultura material en la América equinoccial (Tomo 7) Capítulo Vida erótica y costumbres higiénicas, citando al padre Antonio de la Calancha (1584-1654) en su Crónica moralizada del orden de San Agustín en el Perú:

«Se dijo de los indígenas de Cartagena adoradores del demonio Buziraco, con asiento en el cerro de La Popa, le daban ósculos en el lugar asqueroso debajo de la cola y luego lo limpiaban con tabaco».

Fray Pedro Simón afirmaba que: «Cuando se conocieron mejor las costumbres de los indígenas del continente, se pudo apreciar que uno de los objetivos principales de la absorción del tabaco, era adivinar los acontecimientos futuros. Asociado a la conseja del demonio Buziraco de Cartagena estaba el tabaco» (Ibid., V, 65-66) Noticias historiales de las conquistas de tierra firme en las Indias Occidentales. Bogotá : Biblioteca Banco Popular, 1981. Fuentes: Patiño, Víctor Manuel: Plantas cultivadas y animales domésticos en América equinoccial. Tomo III: Fibras, medicinas, misceláneas.

Fray Alonso fue recibido por el obispo de Cartagena don Juan de Ladrada. El obispo ayudó a organizar un grupo de valientes españoles armados.

Estos hombres irrumpieron en la mitad de la orgía y Fray Alonso con el valor que Dios le prestaba arrojó al Cabrón Urí por el despeñadero rompiéndole los huesos en la caída, por el lugar hoy conocido como el Salto del Cabrón.


Salto del Cabrón

Alonso procuró tomar posesión del lugar para comenzar inmediatamente la construcción del convento. Allí Alonso fabricó una humildísima choza con las ramas de los árboles y continuó con sus compañeros la vida eremítica y reformada, entregado a los ayunos y a las penitencias.

Cuenta la leyenda, que era un día radiante, tranquilo y descongestionado de comienzos del año 1607 cuando el sacerdote español Alfonso García Pared recorría las calles del sector amurallado en busca de una imagen similar a la Virgen de la Candelaria, para ubicarla en el templo construido por la Orden Agustiniana, en el Cerro de la Popa donde tenía su convento. No había recorrido mucho cuando en la calle de las Damas, una señora asomada desde lo alto de un balcón, le preguntó:

—¿Qué busca, padre? —mientras en sus ojos permanecía una mirada tierna.

—Estoy buscando una imagen de la Virgen de la Candelaria, —respondió el sacerdote.

—Venga en tres días y la tendrá, si no estoy empuje la puerta, le dijo la mujer y desapareció.

En efecto el padre agustino volvió, llamó pero nadie contestó, entonces, empujó la puerta y ésta se abrió, pero encontró la casa completamente vacía, sólo en un rincón como iluminada por el cielo estaba la imagen, hermosa e imponente de la Virgen de la Candelaria, que luego fue llevada hasta el convento en el Cerro de la Popa, donde cada año miles de cartageneros desfilan de día y de noche para venerar la virgen de la patrona de esta ciudad.



Para 1612 el convento ya estaba a punto de acabarse y en él se habían invertido 15.000 ducados, suma bastante respetable en esos tiempos. La construcción tardó unos seis o siete años en terminarse.

Desde sus comienzos La Popa ha sido blanco de todas las miradas, incluyendo la de los piratas, quienes la consideraban como un castillo fortificado que había que tomarse de alguna manera. En 1585 el famoso pirata inglés, Juan Drake, asaltó a la Ciudad Heroica con una flota de veintitrés navíos y una fuerza de 2.500 hombres. Los ataques continuaron, esta vez afectando al convento de la Popa.

De los nueve años que duró la época de la independencia, 1816 fue la más desastrosa, tanto para la Popa como para Cartagena en general.
Hambre, penuria económica, destrucción fue lo que quedó después del sangriento sitio de Cartagena. Aunque los recoletos querían volver a su convento, poco o nada podían hacer; la restauración era costosa y no había dinero en la ciudad.

En 1864 la iglesia de la Popa quedó bajo la autoridad de la curia eclesiástica de Cartagena, mientras el convento siguió siendo de propiedad de la Nación. Permaneció arruinado hasta 1880, cuando el doctor Rafael Núñez, presidente de la República, ordenó reconstruirlo y destinarlo para cuartel de aclimatación de la guardia colombiana, recibiendo el título de Viejo Hospital Militar.

El 4 de marzo de 1961, el Gobierno departamental de Bolívar hizo oficial de las ruinas a los agustinos recoletos, quienes emprendieron la reconstrucción el 12 de junio del mismo año.



Los cartageneros subían cada año en febrero a homenajear a su Virgen Morena, esto no impidió que los recoletos empezaran una gran campaña para llevar peregrinos a la Popa, especialmente con motivo de las fiestas patronales de esa manera el pueblo cartagenero volvía a ver frailes recoletos allí y, sobre todo, se daba cuenta de que las obras de reconstrucción iban en serio, motivándose así para colaborar con sus limosnas.

En la época colonial, se celebraba las fiesta de la Virgen, así: se construía un gran salón especial para que cada día en ella bailaran según origen racial o clasista, primero los blancos puros, o de Castilla, segundo los pardos, tercero los negros libres y así sucesivamente, hasta que concluía con la gran fiesta el día de la Virgen y el domingo siguiente, se iniciaban los carnavales.

Pero la gente pobre, libres, esclavos, pardos, negros, indios, carboneros, pescadores y demás no bailaban en los salones, sino al aire libre al son de frenéticos tambores. Hombres y mujeres parados bailaban en círculo como en la cumbia actual. El parejo entregaba a la dama dos o tres velas de sebo encendidas, amarradas con el pañuelo rabuegallo y solo se arrojaba cuando ardía el pañuelo y amenazaba con quemar el vestido. (Universia T. V.)

Precisamente fue durante las fiestas patronales de 1965 cuando el entonces alcalde de Cartagena, doctor Juan Pupo Mora, declaró a la Virgen de la Popa Protectora de la ciudad y de sus contornos, ante una multitud fervorosa congregada en la avenida Pedro de Heredia.



Finalmente, el 6 de julio de 1986, al cumplirse 25 años del regreso de los recoletos a La Popa, el Papa Juan Pablo II, durante su visita a Cartagena, coronó solemnemente la actual imagen de la Virgen de la Candelaria, ante una multitud como las que suele congregar él, reunida en le explanada de Chambacú.


La estación El Poblado

Un tren que sale hacia el sur
y uno que llega del sur


Esta estación, la de Industriales, al norte, y las de Aguacatala y Ayúra al sur no tienen salida de los usuarios hacia el sur, a pesar de que están en una zonas industriales y educativas a ambos lados del río Porce. Al sur de esta estación hay posibilidad de intercambio de línea por lo que cuando se han presentado fallas en el servicio en el sur los trenes llegan del norte hasta esta estación lo que hace que la estación se colme de gente produciendo unas aglomeraciones enormes. Pronto se presentarán diseños para resolver esto problema.

Salida hacia el occidente


Costado occidental de la estación


Costado oriental


Equipo para subir y bajar
a los discapacitados

Laus Deo Virginique Matri

jueves, 24 de diciembre de 2015

Ceremonial de Navidad

Tomado de lumen Cristi

Las familias católicas se reúnen en la noche del 24 de diciembre, víspera de la Navidad, para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. Para ello preparan una rica cena, en la que se acostumbra comer pavo u otros platillos propios de esta época. Se trata de una cena especial, distinta a la de todos los días y en un ambiente fraterno y festivo.

Ceremonia para la cena de Navidad

El menor de los asistentes pregunta a quien preside la cena, preferiblemente el padre o la madre del hogar, sobre las razones por las cuales se celebra esta fiesta.

Menor: —¿Qué celebramos en esta noche, que todo es tan distinto?

V: —Un día fuimos esclavos del pecado; y para liberarnos, nuestro eterno Padre nos envió hace unos 2000 años a su amado hijo Jesucristo, para que fuera nuestro Redentor.

Se narra entonces la historia del nacimiento de Jesús:

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas (Lc 1 y 2).

En el tiempo en que Herodes era rey de Judea, envió Dios al ángel Gabriel a un pueblo de Galilea llamado Nazaret,  a visitar a una joven virgen llamada María, que estaba comprometida para casarse con un hombre llamado José, descendiente del rey David.

El ángel entró donde ella estaba, y le dijo:

—¡Dios te salve María, llena eres de gracia! El Señor está contigo.

La Virgen cuando vio al ángel, se sorprendió de sus palabras, y se preguntaba qué significaría aquel saludo.

El ángel le dijo:

—María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios. Concebirás y tendrás un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será un hombre grande, al que llamarán en justicia Hijo del Dios altísimo: y Dios, el Señor, lo hará rey, como a su antepasado David, y reinará por siempre en la nación de Israel. Su reinado no tendrá fin.

María preguntó al ángel:

—¿Cómo podrá suceder esto, si no conozco varón

 El ángel le contestó:

–El Espíritu Santo descenderá sobre ti  y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios.

Entonces María dijo:

—He aquí a la esclava del Señor. ¡Hágase en mí según tu palabra!

Con esto, el ángel se fue.

Sucedió que por aquellos días, el emperador Cesar Augusto expidió un edicto ordenando que se hiciera un censo de todo el mundo. Este primer censo fue hecho siendo Cirino gobernador de Siria.

 Todos tenían que ir a inscribirse a su propia ciudad, por esto salió José desde la ciudad de Nazaret, de la región de Galilea, y se fue a Belén, en Judea, donde había nacido el rey David, porque José era descendiente de David. Fue allá a empadronarse, junto con María, su esposa, que se encontraba encinta.

 Y sucedió que mientras estaban en Belén, a María le llegó el tiempo de dar a luz. Y dio a luz a Jesús su primogénito. Luego lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre,  porque no había alojamiento para ellos en la posada.

 Cerca de Belén había unos pastores que pasaban la noche en el campo cuidando sus ovejas. De pronto se les apareció un ángel del Señor, la gloria del Señor los envolvió con su luz y tuvieron mucho miedo.

Pero el ángel les dijo:

—No tengáis miedo, porque os traigo una buena noticia que será motivo de gran alegría para todos: Hoy os ha nacido en el pueblo de David un salvador, que es el Cristo, el Señor. Como señal, encontraréis al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”

Y de repente aparecieron muchos otros ángeles del cielo que alababan a Dios y diciendo:

«¡Gloria a Dios en el cielo! ¡y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!».

 Cuando los ángeles se volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros:

—Vamos, pues, a Belén, a ver lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.

Fueron corriendo y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo se pusieron a contar lo que el ángel les había dicho acerca del niño, y todos los que escuchaban a los pastores se admiraban de lo que decían.

María guardaba todo esto en su corazón, y lo tenía muy presente.

 Los pastores, por su parte, regresaron dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían visto y oído, pues todo sucedió como se les había dicho.

Palabra de Dios

Todos: Te Alabamos Señor


Brindis

Luego se servirán las copas de vino y el que preside dirá:

V: Brindemos, ya que estamos felices puesto que en esta noche santa nos nace el redentor del mundo. ¡Feliz Navidad!

Y todos brindarán juntando las copas, mientras expresan:

¡Feliz Navidad!

Oración para la cena de Navidad

Luego se encenderá un cirio blanco, el cual será colocado en lo posible dentro de la corona de adviento, la cual será ubicada en el centro de la mesa.

V: En esta Nochebuena, constituimos centro de nuestra familia a Jesucristo, nuestro Señor, encendemos este cirio como signo suyo, para que nos haga pensar en Ti, luz del mundo, a la vez que le damos gracias a Dios por habernos enviado a su Hijo amado:

Gracias, Padre, que nos amaste tanto que nos diste a tu único Hijo.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por haberte hecho niño para salvarnos.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por haber traído al mundo el amor de Dios.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por manifestarnos que Dios nos ama y que nosotros debemos amar a los demás.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por enseñarnos que da más alegría el dar que el recibir,
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, Jesús, por ilustrarnos que lo que hacemos a los demás, te lo hacemos a Ti.
R: Señor, te damos gracias.

Gracias, María, por haber aceptado ser la Madre de Jesús.
R: María, te damos gracias.

Gracias, San José, por cuidar de Jesús y María.
R: San José, te damos gracias.

Gracias, Padre, por esta noche de paz, noche de amor, en que nos has regalado a tu Hijo predilecto, quien junto con María y José constituyen para nosotros el modelo de la sagrada Familia.
R: Amén

Bendición de los alimentos

V. Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que por tu bondad vamos a tomar. Por Jesucristo Nuestro Señor.
R: Amén.

V: El Rey de la Gloria nos haga partícipes de la mesa celestial.
R: Amén
Al terminar la cena

V: Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R: Amén.

V: El Señor nos dé su paz.
R: Y la vida eterna. Amén.

Ceremonia para acostar y arrullar al niño dios

Luego de la cena, se reúne la familia junto al pesebre y se hace la ceremonia de Arrullo al Niño Dios.

En lo posible la preside el papá o la mamá del hogar, mientras todos se hacen alrededor del nacimiento:

V: Para prepararnos a recibir a Dios, que en esta noche maravillosa se hizo hombre para salvarnos, reconozcamos que somos pecadores y que necesitamos su salvación.

R: Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso, ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.

Antes de colocar al Niño Jesús en el pesebre, el más pequeño de la familia va pasando la imagen del Niño a cada uno de los presentes, para que con un beso de rindan veneración. Cuando todos concluyan, se colocará al Niño Dios en el pesebre.

Durante este ósculo se canta el Villancico Noche de paz.



Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor.
Entre sus astros que esparcen su luz
Bella anunciando al niñito Jesús
Brilla la estrella de paz
Brilla la estrella de paz

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor
Sólo velan en la oscuridad
Los pastores que en el campo están;
Y la estrella de Belén
Y la estrella de Belén

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor;
sobre el santo niño Jesús
Una estrella esparce su luz,
Brilla sobre el Rey
Brilla sobre el Rey.

Noche de paz, noche de amor,
Todo duerme en derredor
Fieles velando allí en Belén
Los pastores, la madre también.
Y la estrella de paz
Y la estrella de paz

Se pueden cantar otros villancicos, si lo estiman conveniente como: Campanas sobre Campanas, y A Belén Pastores...

Peticiones:

V: Pidámosle al Niño Dios, que así como es el centro de este nacimiento hoy, sea todos los días, el centro de nuestra vida.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Jesús, que pudiendo haber nacido rico quiso nacer pobre, nos enseñe a estar contentos con lo que tenemos.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Jesús, que vino a perdonarnos, nos enseñe a no ser rencorosos con los demás.
R: Te lo pedimos, Señor.

V: Que Él, que vino a fundar la mejor familia del mundo, haga que en la nuestra reine siempre el amor y la paz
R: Te lo pedimos, Señor.

Pensamientos

Si en tu corazón hay un poco más de amor, es Navidad.
Si has decidido perdonar a alguien, es Navidad.
Si buscas a Dios de verdad, es Navidad.
Su aumenta el gozo de tu fe cristiana, es Navidad.
Si en tu alma florece la esperanza, es Navidad.
Si trabajas por la justicia entre los hombres, es Navidad.
Si tienes deseos de vivir y los comunicas a los demás, es Navidad.
Si sabes sufrir con amor, es Navidad.
Si eres perseguido o se ríen de ti por causa del Evangelio, es Navidad.
Si te alegras de ser hijo de Dios en la Iglesia, es Navidad.


Oración Final

V: Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes y nunca solo me dejes.Ya que me proteges tanto como verdadera Madre, Haz que me bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

R: Amén.


Enseguida se reparten los obsequios de navidad, en caso de que así lo tengan por costumbre.



martes, 22 de diciembre de 2015

Pesebres 2


Pesebres de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, de la Estación de Policía y de la Casa de la Cultura de Sopetrán
Darío Sevillano Álvarez

El pesebre del templo parroquial luce así:

Es un error muy grave no ponerle telón de fondo 
a un pesebre tan importante.

Las imágenes de este pesebre son muy bonitas 
y están bien conservadas.

El pesebre tiene un buen diseño, pero recordemos: si las imágenes están arrodilladas, es irrespetuoso ponerlas a caminar por todo el pesebre.

El diseño es excelente porque imita muy bien
las tierras de Israel.

El portal es muy parecido a las construcciones
de la época de Jesucristo.

Por fin luce nuestro cristo en el altar mayor, recordemos que el nacimiento y la crucifixión no deben ser exhibidos en un mismo cuadro bíblico.

Al salir del templo, nos encontramos
con este hermoso espectáculo.

Ahora veamos el pesebre de la estación de Policía:

Este es un buen pesebre, pero cuando hacemos pesebres, hay que tener el cuidado de hacerlos en varios planos, para que unos elementos no tapen los otros.

Los elementos que están utilizando, son muy apropiados, 
porque se parecen a la época del nacimiento.

Observen este precioso rebaño.

La katalimas o construcciones
están muy bien diseñadas.

Esta parte del pesebre, que es muy bonita, es la que el público, que está al frente no alcanza a ver, por falta de varios planos.

Este es el pesebre que hay en la casa de la cultura:

Es un pesebre muy visible, porque está al frente
de la puerta de entrada.





Sopetrán, 20 diciembre del 2015.

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lunes, 21 de diciembre de 2015

Pesebres 1



Pesebres de mi tierra
Darío Sevillano Álvarez

Los pesebres en Sopetrán son muy escasos, porque esta es una costumbre que está desapareciendo lenta. pero seguramente.

A continuación les mostramos las mejores fotografías 
de los pocos pesebres que hay:

Este es en el estadero de Córdoba.

Así luce el del templo parroquial 
del corregimiento de Córdoba.

Detalle del telón de fondo
y de algunas de las viviendas de esa época.

Este es el mercado comunitario del pesebre.

Rebaño con sus pastores.

Cara sur del pesebre comunitario 
en el corregimiento de Córdoba.
  
Esta es su cara occidental.


La cara norte, se aprecia así.

Por ultimo miremos su cara oriental.






Sopetrán, 20 de diciembre del 2015.

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lunes, 6 de octubre de 2014

Conversión de Roy H. Schoeman



Era un judío hasídico, pero vivía mundanamente. En un sueño, la Virgen María respondió sus preguntas

Roy H. Schoeman es un ingeniero informático de origen judío ortodoxo que ha contado su asombrosa conversión al catolicismo en diversas ocasiones. Hoy comparte su testimonio y su visión de cómo el cristianismo completa la revelación hebrea. Publicamos aquí su testimonio prácticamente tal como aparece en la web «Primera Luz», y puede encontrarse más detallado en inglés en su propia web Salvationisfromthejews.com.

Tomado de Infocatólica 14-10-05

(Carifilii/InfoCatólica) «Crecí como judío en un barrio de clase media en la ciudad de Nueva York, hijo de refugiados judíos que habían huido de Alemania a los inicios del régimen de Hitler.
Mis padres eran activos en la congregación judía conservadora local, y para el promedio americano, tuve una educación judía bastante religiosa. Asistí a estudios de religión después de la escuela, desde el primer grado hasta que llegué a la universidad. Tuve mi Bar Mitzvah, y con frecuencia, aunque no siempre, asistía a los servicios del Sabbath y a las fiestas religiosas judías.

Rabinos místicos

Crecí en contacto con rabinos extraordinarios que Dios me dio para mi formación religiosa, y hasta tuve que debatir si yo tenía vocación religiosa.
El verano al final de mis estudios secundarios, antes de comenzar la universidad, lo pasé viajando por todo Israel, con un rabino hasídico carismático y místico, el rabino Shlomó Carlebach, que todas las noches ofrecía un concierto, que era en realidad una estática sesión de alabanza hasídica.
Por un tiempo pensé quedarme en Israel para estudiar en alguna de las yeshivas (escuelas de religión) ultra ortodoxas que allí existen y que constituyen lo más cercano del judaísmo a la «vida religiosa», pero regresé para iniciar mis estudios en MIT, Massachusetts Institue of Technology, en matemáticas e informática.

Universidad sin fe ni pureza

En la universidad traté de preservar mi fervor religioso, y me mantuve activo en una congregación hasídica local, pero pronto caí en la moral y mentalidad más típica de MIT. Existe una estrecha relación entre la pureza de mente y de conducta, y la intimidad con Dios. Aunque al principio Él no sea estricto en sus reglas, más tarde o más temprano, no puede esperarse que se mantenga la intimidad, si no se juega según sus reglas. A medida que abandoné sus reglas, perdí la intimidad con Él.
Al final de la universidad, el placer de la oración no era más que una memoria abstracta, y me había imbuido en los caminos del mundo. Después de algunos años diseñando sistemas de ordenadores, decidí asistir a la Escuela de Negocios de Harvard para estudiar una maestría en Administración de Empresas (MBA). Como resultado de un trabajo excepcional, se me invitó a formar parte de la facultad, a la vez que continuaba mis estudios hacia un doctorado, en preparación a una carrera en la enseñanza universitaria.

Éxito mundano, vacío interior

Al perder contacto con Dios, también perdí el sentido de propósito y dirección en mi vida. Yo seleccionaba el sendero de menor resistencia, que, a los ojos del mundo, constituía el éxito. Estar en la facultad de la Escuela de Negocios de Harvard a los treinta años era casi un éxito.
Sin embargo, a medida que completaba cada meta, me enfrentaba a un sentimiento cada vez más profundo de vacío, de falta de sentido en los éxitos. Ya para ese entonces, después de unos cuatro años enseñando en Harvard, me sentía deprimido interiormente y con una gran falta de sentido en mi vida, rayando en la desesperación.
Yo no era el único que me sentía así. Un colega en la facultad me confió que, al día siguiente del día en que su cátedra se convirtió permanente, después de una década de esfuerzos, casi renunció, abrumado por el sentimiento de vacío y la falta de sentido en todo por lo tanto había luchado.
Hacía mucho tiempo que había abandonado la vida de oración y mi consuelo mayor durante este periodo consistía en largas caminatas solitarias entre la naturaleza. Fue en una de estas caminatas que recibí una de las gracias más singulares de mi vida.

Una experiencia ante Dios

Era temprano en una mañana a principios de junio, junto al mar en Cape Cod, en las dunas entre Provincetown y Truro, solitario, junto a las aves que cantaban antes de que el resto del mundo despertara, cuando, por falta de mejores palabras, «caí en el cielo».
Me sentí, casi consciente y físicamente, en la presencia de Dios. Vi pasar mi vida frente a mí, viéndola como si estuviera repasándola en la presencia de Dios después de la muerte.
Vi todo lo que me agradaría y todo lo que me pesaría. Me di cuenta, en un instante, de que el significado y el propósito de mi vida era amar y servir a mi Señor y Dios.
Vi cómo Su amor me rodeaba y me sostenía en cada momento de mi existencia. Vi cómo todo lo que hacía tenía un contenido moral, para bien o para mal, y cómo todo contaba mucho más de lo que jamás pude imaginar.
Vi cómo todo lo que me había acontecido en mi vida había sido lo más perfecto que podía haberse preparado para mi bien, por un Dios que era todo bueno, todo amor, y especialmente aquellas cosas que me habían causado más sufrimiento cuando sucedieron.
Vi que los dos pesares mayores al momento de mi muerte serían, todo el tiempo y la energía desperdiciada preocupándome porque nadie me quería, cuando en cada momento de mi existencia me encontraba en medio del inimaginable, inmenso mar del amor de Dios; y cada una de las horas desperdiciadas, sin hacer nada de valor a los ojos de Dios.
La respuesta a cualquier pregunta que me surgía era respondida instantáneamente. Es más, no podía preguntarme nada sin que ya no supiera la respuesta, con una excepción de gran importancia: el nombre del Dios que se me revelaba como el significado y propósito de mi vida. No pensaba en él como el Dios del Viejo Testamento, a quien llevaba en mi imaginación desde mi infancia.

Dios, ¿cómo te llamas? ¡Que no sea Jesús!

Oré para que Dios me revelara su nombre, para saber qué religión debía seguir, para poder adorarlo debidamente. Recuerdo haber rezado diciendo: «Permíteme conocer tu nombre. No me importa si eres Buda, y tengo que hacerme budista; no me importa si eres Apolo, y tengo que convertirme en un pagano romano; no me importa si eres Krishna y tengo que convertirme en Hindú;¡mientras que no seas Cristo y ¡tenga que volverme cristiano!».
Esta profunda resistencia al cristianismo se basaba en un sentimiento de que el cristianismo era el «enemigo», la perversión del judaísmo que había sido la fuente de dos mil años de sufrimiento para los judíos. Dios, que se había revelado a mí en la playa, también había escuchado mi rechazo de conocerlo, y había respetado mi decisión. De modo que no recibí respuesta alguna a mi pregunta.
Volví a mi casa en Cambridge y a mi vida ordinaria. Sin embargo, todo había cambiado. Pasaba todas mis horas libres en búsqueda de este Dios, en silencio en medio de la naturaleza, leyendo, y preguntando a otros sobre estas experiencias místicas.
Como me encontraba en Cambridge, en la década de 1980, era inevitable el seguir algunas de las sendas de la Nueva Era, y terminaba leyendo mayormente escritos espirituales hindúes y budistas.

Una santa española

Sin embargo, un día, caminando en la plaza de Harvard, me llamó la atención la cubierta de un libro en la vitrina de una tienda. Sin saber nada del libro, ni de su autor, compré El castillo interior de Santa Teresa de Ávila. Lo devoré, encontrando un gran alimento espiritual en su interior, pero todavía no creía en las alegaciones del cristianismo.
Continué en esta trayectoria ecléctica, indiscriminatoria, por exactamente un año. El día exacto en que se cumplió un año de mi experiencia en la playa, recibí la segunda gracia extraordinaria de mi vida.
Admito con franqueza que, en todos los aspectos exteriores, lo que sucedió fue un sueño. No obstante, cuando me quedé dormido sabía muy poco del cristianismo y no tenía ninguna simpatía especial por él ni por ninguno de sus aspectos. Sin embargo, cuando desperté, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María, y no deseaba más nada que volverme tan totalmente cristiano como pudiera.

Entrevista con la joven más bella

En el sueño, fui conducido a una habitación y se me concedió una audiencia con la joven más bella que jamás podía haber imaginado. Sin mediar palabra, sabía que era la Santísima Virgen María. Ella estuvo de acuerdo en contestar cualquier pregunta que le hiciera, y recuerdo que me encontraba allí, barajando varias posibles preguntas en mi mente, y haciéndole cuatro o cinco de ellas. Me las contestó, y entonces me habló por varios minutos, y entonces terminó la audiencia.
Mi experiencia de lo sucedido, y mis recuerdos, son de algo sucedido completamente despierto. Recuerdo todos los detalles, incluyendo naturalmente, las preguntas y las respuestas, pero todo palidece en comparación al aspecto más importante de esta experiencia: el éxtasis de estar en su presencia, en la pureza e intensidad de su amor.
Cuando desperté, como ya mencioné, me sentía completamente enamorado de la Santísima Virgen María y sabía que el Dios que se me había revelado en la playa era Cristo. Todavía no sabía casi nada del cristianismo ni tenía idea de la diferencia entre protestantes y católicos.
Mi primera incursión en el cristianismo fue en una iglesia protestante, pero cuando toqué el tema de María con el pastor, su rechazo me hizo decir: «¡me voy de aquí!».

Deseo de comulgar


Mientras tanto, mi amor por María me inspiraba a pasar el tiempo en santuarios marianos, especialmente los de Nuestra Señora de La Salette (en el de Ipswich, Massachusetts, y en el de la aparición original, en los Alpes franceses) . Me encontré, sin anticiparlo, con frecuencia presente en misas, y aunque todavía no creía en la iglesia católica, sentía un intenso deseo de recibir la Comunión.
Cuando me acerqué por primera vez a un sacerdote y le pedí que me bautizara, todavía no tenía ninguna creencia católica. 
—¿Por qué quieres ser bautizado? 
—¡Porque quiero recibir la Comunión y ustedes no me dejan, si no estoy bautizado! —le contesté molesto.
 Pensé que me agarraría de la oreja y me echaría de allí; pero por el contrario, me dijo: ¡Ajá, ése es el Espíritu Santo, que está trabajando en ti!»

María y la Eucaristía, una brújula

Todavía tuve que esperar varios años y madurar en mi fe antes del bautismo, pero mi amor a María y mi sed por la Eucaristía me guiaron, como una brújula, hacia mi meta. Le estoy infinitamente agradecido a Dios por mi conversión y les estoy infinitamente agradecido por las personas que ha puesto en mi camino».

Laus Deo Virginique matri